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LA ECONOMÍA DEL TERCER CAMINO

Reflexionar!

ECONÓMICO DESIGUAL A UN MODELO SOCIOECONÓMICO INNOVADOR E IGUALITARIO

Mansour Mohammadian es profesor de Bioeconomía en la Universidad Complutense de Madrid. Celebra con este dosier el décimo aniversario de la publicación de sus teorías en torno a la Bioeconomía y la Economía del Tercer Camino… Fecha de publicación: 1-07-2011 Revista: The Ecologist para España y Latinoamérica.

Mi objetivo no es sugerir soluciones para las miradas de problemas que surgen del impacto de la actividad socioeconómica sobre el medio ambiente. Más bien mi objetivo ha sido desarrollar y proponer una ciencia holística interdisciplinaria sincretizando la Biología y la Economía para poder captar la oportunidad que la Bioeconomía puede rendir para estudiar los problemas complejos interactivos y no-lineales que resulten en el interface de los sistemas biológico y económico. No puede haber verdadero entendimiento de estos problemas sin involucrar a la Biología como la ciencia fundacional de la empresa humana. Además, he intentado cumplir con el segundo propósito a través del desarrollo de una actividad económica fundamentada en los principios de la Bioeconomía; es decir, producir y consumir lo necesario para vivir bien pero sin derrochar, además de estar involucrado en una actividad económica productiva basada en la ética y la cooperación. Esta economía es la Economía del Tercer Camino. También, como esta economía tiene un punto de vista diferente y particular sobre los conceptos de globalización y el desarrollo sostenible, reflexionaré sobre ellos. Como no puede ser de otra manera, vincularé todo el discurso cuando sea oportuno al tema de hoy: la crisis financiera y la recesión económica. Además, intentaré responder a preguntas claves como son: -¿Ha llegado la hora para una concepcionalización innovadora de economía en términos de la teoría de la Bioeconomía? – ¿Se puede compatibilizar el nuevo concepto con el mundo económicofinanciero competitivo? -¿Por qué es difícil introducir la teoría de la Bioeconomía en los círculos académicos? -¿Será posible complementar la idea teórica del mercado capitalista con valores sociales y éticos de la Bioeconomía y, por lo tanto, complementar la unidad teórica con una unidad práctica? -¿Sería posible fundamentar la Economía del Tercer Camino en instituciones modernas con sus pilares en el capital social de la antigua economía local? -¿Cómo se pueden compatibilizar los factores no-económicos del capital social con los factores económicos? -¿Por qué el modelo capitalista con su mercado libre ha producido resultados tan desastrosos en el ámbito financiero pero aun así ha producido mucha riqueza en el ámbito productivo? -¿Cuáles son las características intrínsecas del capitalismo que cambia seres honestos a cleptómanos? – ¿Qué forma de régimen regulatorio se necesita para impedir otra crisis? ¿Uno que aumente la globalización o uno que esté a favor del proteccionismo?

LA BIOECONOMÍA Biology is the logical foundational discipline of the social sciences. We shall discover that biology and economics together have much more to teach us than if we study each separately; there is wisdom in combining the two. Edward O. Wilson Antes de empezar esta sección es necesario explicar de manera muy concisa los supuestos y teorías de la economía para que quede más claro el discurso de la Bioeconomía. La actividad socioeconómica es una tarea bastante compleja en nuestro mundo globalizado. Para estudiar e investigar la economía los economistas han desarrollado modelos basados en suposiciones hipotéticas, como los conceptos de equilibrio y racionalidad, que poco tienen que ver con los verdaderos problemas contemporáneos. Además lo que es contraproducente es que se han estudiado estos problemas de manera separada y reduccionista con la metodología unidisciplinar. Con el paso del tiempo es cada vez más imprescindible fundamentar la actividad socioeconómica global en una ciencia holística y sistémica para estimular una transformación cognitiva, mental y de comportamiento con el fin de poder ofrecer soluciones para los problemas emergentes, inter alía calentamiento global, disminución de la capa de ozono, que son de naturaleza compleja, interactiva e incierta. Complejidad es un concepto difícil de descifrar aunque conozcamos sus componentes y cómo funcionan. Un sistema complejo se rige por su tamaño y por su variedad que tiene que ver con el número de los componentes, con la calidad de los componentes y con las interacciones entre ellos. Son estas características las que otorgan al sistema complejo sus propiedades de incertidumbre y emergencia. También, la solución de los problemas complejos interactivos emergentes requiere el abandono del paradigma clásico del orden a través del orden y depender de la consecución del orden a través del desorden (Kauffman, 2003; Holland, 1998.) La epistemología de los fenómenos complejos, por ejemplo, la globalización… requiere un salto radical de las barreras disciplinarias para sacarla de su corsé pero no encerrarla en una superespecialización donde es muy posible perder el control social del conocimiento (Morin, 1998.) Un problema emergente de elementos interactivos evoluciona mediante el desorden y el modelo reduccionista válido para problemas con propiedades aditivas no sirve para los problemas con un número grande de elementos; a saber: tratar de cantidad sino que es necesario investigar estos problemas con modelos que toman en consideración la calidad además de cantidad. No obstante, la economía no entiende de la calidad ni de la ética; es obligatorio para nosotros rendirnos ante esta evidencia. El binomio del orden-desorden sigue sin parar y el desorden es una manera de llegar a un nuevo orden que lleva la semilla del desorden que intenta su destrucción. La actividad económica global es uno de esos sistemas complejos y emergentes, que hace las suposiciones de esta teoría como, por ejemplo, los conceptos de equilibrio del mercado o la racionalidad de consumidores, entre otras, inútiles y engañosos. El sistema económico global como un sistema de redes comerciales con sus tentáculos en todo el mundo difícilmente puede estar en un estado de equilibrio, porque su centro de gravedad a menudo cambia y, por lo tanto, se puede decir que tal sistema funciona en un estado lejos de equilibrio en el sentido utilizado por Prigogine y Stengers (1984.). La emergencia de un fenómeno nuevo se debe a las relaciones interrelaciones de las partes en los niveles inferiores. Aunque, el sistema emergente podría estar en un estado de homeostasis sin embargo podría “ … mantenerse en un estado de equilibrio dinámico fluctuando dentro de los límites de tolerancia” (Prigogine y Nicolás, 1977.) .

CAMBIOS EN EL EQUILIBRIO Muchas veces cambia el equilibrio del sistema a causa de rumores e información infundada y no tanto por las variables del mercado como la oferta, demanda y el mecanismo de precios. Un fenómeno de esta naturaleza se observa muy a menudo y especialmente en las épocas de incertidumbre e inseguridad cuando los mercados y las bolsas de compra-venta de acciones experimentan cambios repentinos y drásticos sin ninguna justificación en los fundamentos económicos. Según la teoría neoclásica estos cambios se cancelan para producir un equilibrio pero esto es verdad sólo en caso de un sistema muy ordenado o muy desordenado (Bak, 1997). Este no es el caso de un sistema económico global que está en un estado crítico entre el orden y el desorden para lograr el estado de globalidad total trayendo todos las economías nacionales bajo su dominio (Mohammadian, 2000.) La ocurrencia de las crisis financieras es muy indicativa del estado crítico del sistema económico global por intentar estrechar sus tentáculos a todas las economías nacionales. Lo que la humanidad necesita es un equilibrio verdadero que le ayude a encontrar su bienestar físico y mental a través de un equilibrio consigo mismo, con otros seres (humanos y no-humanos) además de con su entorno, acabando así con el caos y discordancia que está experimentando en casi todos los aspectos de la vida sea económico, social, ambiental o biológico. El equilibrio que nos debe interesar, y esforzarnos para lograr, no es un equilibrio falso neoclásico sino el equilibrio holístico bioeconómico que nos puede enseñar cómo gestionar la utilización de los recursos biológicos mientras mantengamos su regeneración; cómo preservar el equilibrio entre el crecimiento económico basado en la utilización de los recursos con su conservación; cómo mantener el equilibrio entre la cantidad de los bienes con su calidad; cómo mantener el equilibrio entre el precio monetario de mercado de los recursos sin perder de vista su verdadero valor biológico. Gestionar y practicar el equilibrio bioeconómico nos puede guiar hacia el logro de un verdadero biocentrismo además de lograr el último propósito que es lograr un verdadero balance entre materialismo y espiritualidad. Es decir, lograr la deseada sociedad sostenible. El equilibrio bioeconómico se fundamenta en dos premisas. El primero es re-biologizar la empresa humana, es decir vincularla a su raíz biológica y el segundo es re-socializar la actividad humana en el sentido de vincularla a su raíz afectiva y solidaria. De esta manera será posible para la humanidad reducir la entropía colectiva del proceso socioeconómico y además reducir su propia entropía individual en su actividad diaria. RESILIENCIA Al cumplir con estas premisas de la Bioeconomía surgirá una economía biológica-social (Mohammadian, 2003 a) en el sentido de ser más resiliente para poder eludir los ocurrencias inesperadas en los ámbitos biológico, económico, social y ambiental y por lo tanto ser sostenible. Por ende acabaremos con una actividad económica que se puede comparar a un toro en la tienda de porcelana. Concentrarse en la acumulación de dinero y artilugios pensando que más dinero nos trae más felicidad y más placeres ha sido la equivocación más grande de la humanidad en los últimos siglos. Citando a Henry David Thoreau: “Es más rico aquel cuyos placeres son los más simples y baratos”. Por regla general un individuo es feliz por tener suficiente dinero para poder satisfacer sus necesidades basicas pero, normalmente, más dinero no trae más felicidad (Haseler, 2000.) El equilibrio bioeconómico hace posible vivir de la renta de los recursos de la Madre Tierra y no de su capital como hemos hecho y seguimos haciendo. También, el equilibrio bioeconómico nos ayuda a desarrollar un equilibrio mental tan necesario para ser feliz. Es de recordar que la felicidad es un concepto holistico que abarca además de riqueza monetaria-material… también la riqueza espiritual, salud, amor al prójimo y compromiso sin olvidar el aprecio a la naturaleza, su diversidad y su belleza. La riqueza de la naturaleza es muy importante tener en cuenta con su sinfonía de floras y faunas cada una impartiendo algo especial a la vida humana. Disfrutar del conjunto de estas variables le proporciona al individuo el equilibrio necesario para su bienestar y felicidad integra, lo que hemos perdido por ignorar la ética de trabajo, solidaridad, fraternidad y confianza y la diligencia de nuestros antepasados con su estilo de vida frugal y austera y su sentido de ahorrar.

FUERZAS OPUESTAS La actividad socioeconómica de la teoría neoclásica caracterizada por la competitividad y por el interés propio, que son actitudes contrarias a la cooperación y al interés colectivo de la teoría de la Bioeconomía, hacen que el agente económico, Homo economicus. se sitúe en un estado de tensión insoportable promovido por dos fuerzas opuestas. Una fuerza promueve a un individuo al consumo conspicuo, despilfarro y la avaricia y la otra que le promueve a observar buenas prácticas de consumo, el cuidado del medio ambiente y conservación. H. economicus se está cada vez más distanciando de sus raíces biológicas y casi nunca produce lo que consume y apenas consume lo que él mismo puede producir. Por lo tanto, no debe sorprendernos si nos preocupa menos la conducta ética y el bienestar de la comunidad y más la competitividad, el beneficio a más corto plazo y el bienestar de sí mismo. La economía capitalista global tiene una arquitectura de los productores y consumidores cuyos centros de producción y consumo están bastante distanciados unos de otros. Esto es al contrario de la Bioeconomía, que imita a la economía de la naturaleza donde los centros están bastante cerca aunque a causa de la pérdida de biodiversidad por la culpa de la humanidad, estos centros están cada vez más alejados unos de otros. La falta de verdaderas soluciones y medidas es debida al fundamento neoclásico de unas perspectivas que abogan por la máxima producción y máximo consumo que resultan en agotamiento de los recursos biológicos, pérdida de biodiversidad y contaminación. Sin embargo, estas mismas perspectivas, por ejemplo la Economía Ecológica, abogan por la idea de decrecimiento a través de consumo mínimo y conservación que es una noción paradójica y, por ende, surge la pregunta: ¿Cómo se puede resolver esta paradoja? A saber, tener un sistema socioeconómico derrochador de producción y consumo máximo y al mismo tiempo propagar conservación, mantener la biodiversidad y consumo según necesidades. La Bioeconomía sí puede resolver esta paradoja por no estar vinculada a la teoría neoclásica y, aún más importante, por ser una economía poética imitando a la Economía de la Naturaleza y seguir sus pautas biológicas. La Bioeconomía tiene el concepto de decrecimiento incrustado en su teoría mediante los conceptos de desmaterialización e immaterialización que imparten sostenibilídad al proceso de crecimiento. La idea del decrecimiento según la teoría de la Bioeconomía no es una idea de mera desaceleración de la actividad económica; a saber, reducir la velocidad del proceso del crecimiento, sino una transformación verdadera y profunda en nuestro pensamiento y, por lo tanto, en nuestro comportamiento. Esta transformación requiere individuos como objetores del crecimiento continuo y consumo conspicuo al estilo de los objetores de conciencia.

SENTIMIENTO, COOPERACIÓN, ÉTICA Todas, y cada una de estas perspectivas por estar fundamentadas en la teoría neoclásica, nos presentan perspectivas solamente económicas que abogan por el crecimiento económico continuo recurriendo a la tecnología para dar soluciones a los problemas que enfrenta la humanidad. Esta solución obviamente resulta en la utilización de más recursos biológicos, de más energía de fuentes norenovables y de más contaminación y la pérdida de biodiversidad y, por ende, en más debilitamiento de la base biológica de la existencia humana. El paradigma bioeconómico, por incluir las variables biológica y económica, no sufre, como hacen las perspectivas, de dos puntos de vista opuestos; es decir, el biológico y el económico. El primero aboga por la utilización de los recursos según su regeneración y la pauta de ciclos temporales biológicos y el segundo favorece el uso máximo de los recursos sin tomar en cuenta su agotamiento. Además, para los países sub-desarrollados y en-desarrollo es muy importante el punto de vista biológico ya que enseñar a la población indígena que cuidar la biodiversidad, gestionar y utilizar los recursos según su regeneración es muy provechosa desde el punto de vista económico. Es necesario idear una teoría económica cuya piedra de distinción no sea ni solamente acción, competitividad salvaje y ni los fines de la economía capitalista sino que sus pilares principales sean además sentimiento, cooperación, ética y los medios para conseguirlos. Esta teoría como se presenta aquí es la teoría de la Bioeconomía. Sincretizar la biología con la Economía y desarrollar la Bioeconomía tiene el propósito de acabar con la separación entre “las dos culturas” (Snow, 1964, 1959) y avanzar hacia la Tercera Cultura que es la cultura de síntesis y interdisciplinariedad. Se logra este propósito mediante el acoplamiento estructural (structural coupling; Maturana y Varela, 1987) entre los sistemas biológico y económico que sean constructivos y complementarios y por lo tanto el proceso de actividad comercial bioeconomico y el desarrollo bioeconómico (sostenible como se verá más adelante) será mas eficiente en la utilización de los recursos biológicos y menos entrópico en el proceso de producción de bienes. La teoría bioeconómica surge de cambios fundamentales que causan un cambio abrupto que “… implica una repentina transformación… para demostrar patrones no visibles antes.” (Kuhn, 1998.)

OTRAS REALIDADES Además, desde el punto de vista práctico se puede definir la Bioeconomía como la ciencia que determine el threshold de la actividad socioeconómica para la cual un sistema biológico puede ser utilizado sin destruir las condiciones para su regeneración y por ende su sostenibilídad. Es decir, que la Bioeconomía, además de los problemas normales de la economía como el abastecimiento y la demanda entre otros, también se compromete con los problemas que tienen que ver con las realidades de la vida contemporánea. La Bioeconomía promociona la idea que la Naturaleza no debe ser vista sólo como una fuente de recursos biológicos o un sumidero para los desechos de la Humanidad. Se debe ver la Naturaleza como una fuente de ideas útiles para mejorar la empresa humana; a saber no sólo lo que podemos extraer de ella sino también lo que podemos aprender de ella. La Bioeconomía es el crisol idóneo para reunir según Morin (1995) “… los conocimientos desunidos y aislados en las sub-disciplinas y de esta manera puede transitar mas allá de sus limitaciones disciplinarias.” Según el esquema de Izuzquia (1990) la teoría de la Bioeconomía tiene las siguientes características: (1) es dinámica en el sentido de generar tantos problemas cuantos puede solucionar. (2) es una teoría normativa por proponer cómo debe ser un sistema económico y no es una teoría positiva en el sentido de eso es lo que hay (3) es una teoría compleja si no por otra razón porque tiene que abordar temas complejos, por ejemplo, la globalización o el desarrollo sostenible. Según Restrop (1993) “Mientras la disciplinariedad es la guardiana del método, lo que caracteriza a la teoría es la fidelidad al problema.”La epistemología de esta teoría toma en cuenta la complejidad en lo biológico, en lo económico y en lo cognitivo y por estas razones esta teoría es superior a las teorías reduccionistas con metodología disciplinaria como es por ejemplo la teoría neoclásica. La Bioeconomía tiene lo biológico como el elemento intrínseco, y no como elemento incidental, como es el caso de la economía capitalista con el motivo de beneficio como el elemento intrínseco. La economía capitalista por su énfasis en la producción máxima y consumo máximo ha perdido la visión a largo plazo necesaria para la sostenibilídad. Su interés en los recursos biológicos es, desde el punto de vista económico, de análisis de coste-beneficio según escasez / abundancia sin tomar en cuenta la perspectiva biológica para saber de su agotamiento / insostenibilidad. La ideología de ‘dejadlo al mercado’ para poder solucionar las externalidades ambientales como el cambio climático; económicas como la desigualdad y sociales como inequidad ha permitido a los empresarios oportunistas actuar de manera no ética obligando al publico a pagar por sus actuaciones delictivas. A saber, externalizar el coste de sus actividades enviciadas mientras se están internalizando los beneficios. La Humanidad sufre de la pérdida del equilibrio consigo mismo; de la pérdida en su entorno como se puede observar en su entorno físico por la contaminación y los acontecimientos emergentes como el cambio climático y la disminución de la capa de Ozone; en su entorno biológico por el agotamiento de los recursos, en particular los recursos energéticos no-renovables, y en su entorno social por la segregación de la humanidad en ricos y pobres. Es decir, dos grupos de la misma especie en el mismo planeta e incluso en muchos casos, en los mismos países. Por lo tanto, ¿Como es posible hablar de igualdad, equidad y democracia? ¿Acaso tenemos que olvidarnos de una sociedad mundial democrática, en paz y en iguales condiciones de bienestar?.

METODOLOGÍA INTERDISCIPLINARIA El innovador paradigma (Kuhn, 1998) de la Bioeconomía permite investigar los problemas complejos, inciertos e interactivos en el interface de los sistemas biológico y económico de manera holística con una metodología interdisciplinaria. Este innovador paradigma puede remediar las deficiencias asociadas a las perspectivas de economía-medio ambiente. Es tan importante promover la interdisciplinariedad en la ciencia y la academia que el Ministerio de Ciencias de Francia ha recomendado: “La interdisciplinariedad ha de estar en el corazón de la enseñanza de las ciencias económicas. Los alumnos de Economía deberán cumplir con los requisitos de estudios de disciplinas similares en origen tales como la Sociología y los diferentes en origen tales como la Biología, con el fin de familiarizarse con sus contrastes métodos y puntos de vistas” (Fulbrook, 2002.) La enseñanza de la Economía en las universidades, según la hegemonía de la teoría neoclásica, ha excluido otras teorías en detrimento de los alumnos al no ser expuestos a paradigmas alternativos. La enseñanza universitaria de Economía sigue los mismos preceptos reduccionistas disciplinarios del siglo pasado y perpetúa la conformidad en vez de la creatividad en los alumnos. Según Gale (1998): “La Economía Ecológica no es un reto fundamental al discurso dominante de la Economía sino simplemente es otra perspectiva que es útil en la búsqueda de la Economía de siempre”. La Economía Ecológica como una perspectiva, no como un paradigma, se refiere al término ecológico como una parte de un sistema que es una unidad inseparable de su entorno. Este entorno es el sistema biológico y por ende la Bioeconomía (Economía Biológica) mantiene un estrecho vínculo entre el sistema biológico y el sistema económico. El entorno es el conjunto de relaciones, interrelaciones e interacciones entre personas y acontecimientos. Por ser más complejo que el sistema el entorno actúa como una fuente de cambios para el sistema y hace posible un conjunto de selecciones para el sistema.

SIN PERJUDICADOS La economía capitalista tiene el propósito de lograr comensalismo; lo que es exactamente el caso de la actividad comercial humana ahora y es algo en que ha fallado bastante. Sin embargo, la actividad comercial bioeconómica es una actividad simbiótica de suma positiva donde ambas, la Humanidad y la Naturaleza, se relacionan en una actividad de ganar-ganar y ninguna sale perjudicada. Este logro depende de cuanto antes podamos cambiar nuestra economía ficticia de transformación a una economía verdadera de producción. Por lo tanto, en el comercio bioeconómico el binomio Humanidad-Naturaleza no es pareto óptimo. Articular la Bioeconomía desde su raíz griega, a saber un paradigma heurístico de conocimiento innovador de lo vivo y también de lo vivo en la sociedad, nos conduce a un realismo bioeconómico que nos enseña la senda de cómo será posible para la Humanidad vivir en paz y armonía además de vivir en armonía con las otras especies. Sin embargo, se debe admitir que una completa integración de varias disciplinas en una disciplina unificada (holística como es la Bioeconomía) no es tarea fácil. Se requiere interdisciplinariedad en el sentido más invasívo de la palabra, que es un empeño difícil y cargado de incertidumbres. A nuestro pesar el sistema educativo con su atrincherada burocracia a todos los niveles de docencia, investigación y conseguir fondos para el avance de carreras es muy resistente a tal innovación. Además, el proceso educativo con los conceptos obsoletos y la metodología reduccionista disciplinaria es de otro tiempo y lo divulgan profesores felices en su torre de marfil y resistentes a intentar conceptos y metodologías innovadoras por significar más empeño y tiempo. No obstante esta resistencia no va a poder seguir por mucho más tiempo porque el holismo es un concepto y la interdisciplinariedad es una metodología cuyo tiempo ha llegado. Se los he presentado como conceptos con una solución para motivar a los colegas para su implementación. Creo firmemente que es un desafió digno de consideración. Lo he aceptado yo mismo desde la perspectiva de la Biología y la Economía como se demuestra en mi curso y mis libros sobre el tema como los primeros pasos en esta dirección. Tenemos que superar los obstáculos con toda nuestra energía y poderío intelectual.

CAMBIO DE MENTALIDAD La Bioeconomía es un cambio paradigmático en nuestra mentalidad en relación a nuestro comportamiento hacia la Naturaleza y utilización de los recursos; de un cambio paradigmático en nuestra cognición en relación con la investigación de los problemas del interface además de un cambio paradigmático educativo en la decencia. El objetivo aquí es situar al alumno, con ideas constructivas, en el centro del proceso educativo y no tenerlo como una máquina para almacenar información y cuando es necesario repetirla sin haberla interpretado. La Bioeconomía favorece la institución del proceso de desarrollo como un proceso holístico desde todos los aspectos, económico, biológico, social, ambiental, ético y cultural, y no como el desarrollo sostenible que es un proceso reduccionista económico con propiedades oximorónicas. Para superar estas deficiencias se ha ideado el modelo innovador de desarrollo bioeconómico (sostenible) que se fundamenta en la importancia indispensable del sistema biológico, sus recursos y servicios y el sistema cognitivo (Mohammadian, 2000.) El desarrollo bioeconómico es un proceso endógeno que cumple con las idiosincrasias culturales de cada pueblo además de las características biológicas de su entorno y es un proceso que no se puede importar de los países desarrollados a los países subdesarrollados. El proceso de desarrollo es muy parecido al proceso de democratización y cada país tiene encontrar su senda para conseguir desarrollo y democracia.

LA RECONCILIACIÓN El modelo de desarrollo bioeconómico se basa en la teoría termodinámica y la ley de la entropía que nos hace apreciar que la existencia humana es entrópica y es seguro que la especie y la empresa humana avanzan de la plenitud a escasez, de energía a entropía y de orden a desorden. También, la sostenibilídad es una proposición a largo plazo que implica la eficiencia del sistema productivo además de su adaptabilidad a las perturbaciones biológicas y ambientales. Sin embargo, tampoco es una solución duradera intentar lograr más crecimiento con menos recursos. La sostenibilídad requiere una transformación radical; por ejemplo no basta que los coches emitan menos gases nocivos si la cantidad final de emisiones sigue creciendo. Lo que la Bioeconomía propone es re-conciliar lo biológico con lo económico; es decir, no solo investigar y evaluar los problemas desde el punto de vista solamente biológico ni solamente desde el punto de vista económico sino desde la perspectiva holística de la Bioeconomía. Por ende, la lógica dialéctica de la Bioeconomía es la lógica del tercero incluido que surge de la conciliación de ambas, lo biológico y lo económico. A saber, la Bioeconomía en su actividad comercial intenta conciliar la utilización de los recursos con su conservación y regeneración en una actividad económica sostenible; es decir, bioeconomica. La lógica del tercero incluido permite cruzar las barreras disciplinarias de la Biología, de la Economía y de la Cognición para poder encontrar soluciones holística sin descartar / menospreciar conocimientos de otras disciplinas. La Bioeconomía, como una ciencia unitaria, es un empeño en crear conocimiento integrador que es más que suma y una simple yuxtaposición de conocimientos reduccionista disciplinarios.

ECONOMÍA DEL TERCER CAMINO Es bueno tener una visión aunque en el presente puede parecer utópica y no se puede poner en práctica Anónimo Como para mucha gente la idea de la Bioeconomía ha parecido utópica (menos con el paso de tiempo) y poco factible de poner en práctica he puesto mi empeño en idear una activada socioeconómica que podría encaminar la teoría de la Bioeconomía a la práctica y hacerla operacional en el ámbito comercial. Parafraseando a Thorstein Veblen ninguna forma de eco-nomía va a atraer la atención del público hasta que no esté propuesta de una forma práctica. Esta práctica es la Economía del Tercer Camino. La Economía del Tercer Camino se sitúa entre la antigua economía local y la nueva economía global que intenta compensar los factores desfavorables de uno con los favorables del otro. Es decir el propósito es compensar por ejemplo vivir del crédito, derroche de recursos y desperdicio del entorno de la economía global por el sentido de ahorro, un estilo de vida frugal y el cuidado del entorno de la antigua economía local. Dicho de otra forma, la Economía del Tercer Camino intenta compensar la competitividad, complejidad, el valor crematístico y la individualidad de la nueva economía global con cooperación, simplicidad, el valor de uso y el sentido de comunidad de la antigua economía local pero al mismo tiempo utilizar tecnología apropiada para hacer la vida más agradable, más placentera y menos laboriosa. El legado de la antigua economía local , articulado en la Economía del Tercer Camino, ha sido producir lo suficiente para consumir pero también ahorrar opuesto a la nueva economía global que ha legado a la Humanidad el sentido de producir y consumir más que lo necesario pero además gastar demasiado y más que lo necesario para endeudarse. Como ha sido usual en la sociedad contemporánea los gastos casi siempre superan los ingresos y la gente ha tenido que pedir préstamos para enfrentar los gastos diarios como se puede notar del aumento del endeudamiento de las familias españolas y en todas sociedades occidentales (Instituto de Estudios Económicos, 2007.)

DEJAR DE CRECER Una economía basada en créditos y endeudamiento como es la economía capitalista no puede ser duradera y ha seguido creciendo desde sus principios porque si deja de crecer será su final y el final del sistema como lo conocemos. Los recursos materiales-monetarios representan más la deuda de una nación que su riqueza porque la verdadera riqueza es la riqueza biológica. También, hay que comprender que la economía capitalista financiera funciona a base de créditos sobre créditos que significa que cada vez para devolverlo hay que incrementar el beneficio de las actividades comerciales que culmina en el agotamiento de los recursos biológicos, degradación ambiental y todo ello a costa de la Humanidad y en particular de la clase trabajadora y los desposeídos. Es la hora de apreciar que el capitalismo global no puede seguir descansando sobre el modelo neoclásico reduccionista. “La reforma de la economía no es una cuestión de añadir nuevas dimensiones a la teoría neoclásica. Se requiere una revolución teórica en el núcleo de la economía misma” (Hodgson, 1992.) Los hechos del capitalismo del libre mercado tienen que ser complementados además con los sentimientos. El Homo economicus como un ser avaro con costumbres exageradas y dañinas de consumo y comportamiento también ha aumentado por ignorancia el antagonismo entre las leyes verdaderas de la Naturaleza que rigen sus procesos biológicos y las leyes artificiales de la Humanidad que rigen sus actividades pero que deben depender de las leyes naturales. La economía invisible de la Naturaleza es muy parecida a la economía invisible humana; una “Economía en la Sombra” cuya contribución a PIB no se sabe con exactitud y ni se toma en cuenta aunque puede ser muy útil para idear políticas económicas para subir ingresos y bajar impuestos, lo que a la primera vista puede parecer contradictorio. Sin embargo, a causa de ser invisible no es posible evaluar la importancia monetaria de la actividad comercial de la “Economía en la Sombra” aunque se estima que puede ser alrededor deL 10 % del PIB ( incluso doble durante la recesión), lo que es una cifra bastante sustancial y que puede afectar A las políticas económicas. Lo que quiere conseguir la Economía del Tercer Camino es establecer un cimiento sólido para una relación simbiótica con la Naturaleza y mutualista entre la gente. Para enfatizar la importancia de la Economía de la Naturaleza baste decir que se ha estimado su volumen es igual al PIB mundial; es decir alrededor de 40 miles de billones de dólares al año. Lo mejor que se puede hacer en el caso de la Economía de la Naturaleza es trocar e intercambiar sus recursos y servicios biológicos en la economía capitalista por algo útil también para la Naturaleza. No solo no cumplimos con este objetivo sino echamos material dañino en ella en una relación totalmente parasitaria.

LOCALISMO Y REDISTRIBUCIÓN La Economía del Tercer Camino no favorece la globalización económica como se practica ahora, que ha resultado en una carrera desenfrenada de la mayoría de los países de importar y exportar con el resultado de transferir riqueza a una minoría en los países desarrollados y además a una minoría aventajada en los países en-desarrollo. Lo que la Economía del Tercer Camino propone es una actividad comercial local a la medida de lo posible y el reparto equitativo de riqueza mediante el capitalismo bioeconómico por resultar de cooperación, solidaridad, confianza y competición benevolente y que no resulta de un capitalismo competitivo, destructivo y derrochador de los recursos biológicos además de abusar y defraudar los recursos humanos (Mohammadian, 2000). La ideología capitalista es de suma negativa; a saber es perjudicial para ambas, la Humanidad y la Naturaleza, porque, aunque parece que la Humanidad está ganando por engañarse a sí misma, en realidad está perdiendo a causa de la aniquilación de la herencia biológica de la Naturaleza. La globalización económica se basa en los mercados financieros y los medios de comunicación para cantar sus beneficios y está sujeta a la dictadura del mercado que entiende sólo el idioma del precio y es poco sensible a las exigencias sociales, ambientales y casi nada a la exigencia ética. Es en estas circunstancias y en particular en caso de acontecimientos regionales cuando el Estado tiene poco espacio para efectuar sus propias políticas nacionales en los ámbitos de la salud, de la educación entre otros, para poder apaciguar los efectos negativos de las políticas regionales. La verdad es que las políticas de un país podían coincidir o no con las del súper-estado; por ejemplo con las de la UE. Una consecuencia negativa de la globalización sucede cuando los países desarrollados aprovechan la mano de obra barata en los países en-desarrollo para fabricar algunos bienes pero después exportan a estos mismos países los mismos bienes a precios exorbitantes. Sin embargo parece que la globalización puede tener, por lo menos, un efecto positivo para los países en-desarrollo porque sus trabajadores aprenden a fabricar los bienes mediante tecnología moderna y así, poco a poco, emprender el camino de progreso.

RED DE SUCESIONES Es bastante difícil poner en evidencia lo nefasto de la globalización económica cuando la mayor parte del mundo está en las garras del capitalismo industrial y los países en-desarrollo no tienen más remedio que participar en el juego global de exportar recursos biológicos baratos e importar bienes manufacturado caros. El caso de los países asiáticos y, en particular del gigante económico China, es muy revelador en relación con los propósitos de la Economía del Tercer Camino. La globalización es parte del concepto de complejidad y es una red de sucesiones en la que cada parte es parte de todo pero que también afecta a las demás partes como ha puesto de manifiesto la recesión actual. La globalización es un proceso de cambios de doble sentido y de la dependencia reciproca de lo local a lo global y de exportación e importación. Los países asiáticos por razones culturales han seguido una vida austera, uso frugal de los recursos y una alta tasa de ahorro. Lo desafortunado es que hace pocas décadas han vinculado sus economías a la economía global y han empezado el juego de consumo conspicuo, el despilfarro de los recursos y endeudarse por gastar por encima de la economía personal: donde fueres, haz lo que vieres. Aunque el sistema económico/financiero global ha sido capaz de producir mucha riqueza, no obstante, esta riqueza material-monetaria ha sido a costa de la riqueza biológica y riqueza humana y tan fácilmente como se crea tan fácilmente se destruye como se muestra en el caso de la actual crisis financiera.

GLOBALIZANDO La globalización económica se basa en los conceptos de círculo virtuoso y la ventaja comparativa de la teoría económica y así se puede explicar por qué la globalización tiene tanto éxito. El comercio doméstico de un país está vinculado a su comercio exterior y cada uno sostiene al otro en un círculo virtuoso. De esta forma los países en-desarrollo pueden aumentar las exportaciones por disfrutar de la ventaja comparativa por ejemplo en caso de la mano de obra barata y también aumentar, de forma obligatoria, las importaciones. Desde la perspectiva de la Economía del Tercer Camino y de las actuaciones éticas son los países en-desarrollo que tienen que invertir en construcción de fábricas y en la instrucción y la formación de los trabajadores para que se beneficien de las ventas de los bienes manufacturados y no unas empresas multinacionales que transferirían el beneficio a sus países de origen. Este y otros casos como todos los tipos de comercio ilícito son ejemplos del “… lado oscuro de la globalización.” Además, en épocas de crisis como la de ahora del modelo de la globalización económico basado en la exportación-importación es muy perjudicial para los países porque su economía es totalmente dependiente de la exportación. El mejor ejemplo es el caso de China que, por tener una economía dependiente de la exportación y en particular a los EE UU., que por sufrir ahora de una gran recesión no está importando mucho, China tiene millones de trabajadores en paro, lo que ha acarreado un grave trastorno social. La economía capitalista y el proceso de globalización como su brazo operativo han aprovechado la acumulación material caracterizada por la producción máxima y consumo ostentoso con todas sus desventajas para la biosfera, además a gran coste para la salud humana. LA

MONETARIZACIÓN El capitalismo industrial por haber desbiólogizado la empresa humana y haberla monetarizado totalmente ha hecho que la Humanidad pierda poco a poco la visión del todo y a largo plazo y sólo le interese el aspecto comercial de sus actuaciones. Sin embargo, los acontecimientos nuevos con propiedades complejas e inciertas como por ejemplo los transgénicos (entre otros) han hecho menos importante la frontera entre la Biología y la Economía. Por ende lo comercial no es, y no debe ser, todo ni el único aspecto importante para la existencia humana. Hay que tomar en cuenta lo biológico también como lo que engendra la Economía del Tercer Camino por señalar la riqueza biológica como la verdadera riqueza de una nación y no tanto su riqueza material y los artilugios manufacturados. ¿Cuales son las razones del olvido de la importancia de lo biológico? ¿Podría ser que por el fallo cognitivo no hemos dado suficiente crédito al valor de los recursos biológicos y de las energías no-renovables y nos hemos aprovechados de ellos por designarles precios baratos y además considerarlos como inagotables? Evaluando desde el punto de vista biológico la globalización es más que un proceso solo económico; es además un proceso biológico y su influencia abarca más que la suma de las influencias individuales de lo biológico y de lo económico y de influencias de cada estado. Por lo tanto no se puede investigar el proceso de la globalización desde la perspectiva solamente económica sino que se debe hacer desde el punto de vista holistico interdisciplinario de la Globalización Bioeconómica (Mohammadian, 2005 b.) LA EQUIDAD La globalización, en contra de lo previsto, no ha podido cambiar el mundo redondo de desigualdad a un mundo plano de equidad social. La idea original detrás del proceso de la globalización ha sido acercar.acercar la periferia subdesarrollada al centro rico … y por lo tanto lograr que la geografía sea Historia. A pesar de la esperanza de la población pobre del mundo la globalización no ha logrado este propósito y el mundo sigue siendo uno de desigualdad económica e inequidad social. La paradoja es si globalización del crecimiento económico y la producción de la riqueza material es tan bueno ¿cómo es que no ha podido aliviar la pobreza? Lo que el proceso de globalización ha logrado ha sido abrir los mercados de los países en-desarrollo y sub-desarrollados a los productos de los países desarrollados. Mientras estos países ricos se han embarcado en el camino de evolucionar hacia otros modelos de economía capitalista, como por ejemplo las economías de servicio y de conocimiento, son los países en-desarrollo que siguen con una economía de producción utilizando sus recursos biológicos y contaminando sus entornos. Sin embargo, los países en-desarrollo, por ejemplo China, quiere seguir un cambio en su modelo de la producción con una estrategia de “Ascenso en la regla del notario” que es transformar su economía de producir artículos baratos pero intensivos en mano de obra y muy contaminante para seguir un modelo económico de producción de bienes más caros pero extensivo en mano de obra y menos contaminante del entorno La investigación del proceso de globalización desde la perspectiva de la Economía del Tercer Camino de la teoría de la Bioeconomía hace posible recuperar lo que hemos perdido por los conceptos de espacio y tiempo que son muy importantes desde el punto de vista biológico. El tiempo biológico medido en forma de los ciclos temporales biológicos de la naturaleza y lo que significan para los procesos biológicos, por ejemplo en la agricultura, ayudan a distinguir y a recuperar el sentido de tiempo verdadero del tiempo virtual de la empresa humana (Mohammadian, 2003 a) No obstante, los jóvenes de esta generación están muy fascinados por el tiempo virtual y placeres virtuales con Internet y por pasarlo bien mediante el cyber hedonismo.

OBSERVACIONES FINALES Para concluir quiero hacer la observación obvia e indudable de que tenemos que aprovechar la crisis como una oportunidad que según Schumpeter es “…como una ducha de agua fría para la economía.” También, hay que recordar que esta crisis no es una sola sino es resultado de múltiples crisis que han estado durmientes como la crisis de valores, crisis energética, crisis de derechos humanos y la crisis de ceguera biológica. Está muy bien hablar de la igualdad material entre los seres humanos, sin embargo, es preciso no olvidar propagar igualdad de responsabilidad, igualdad de sacrificio y la igualdad de oportunidad. Todo esto es necesario para poder avanzar de la riqueza de una minoría a la riqueza de la mayoría y de riqueza de naciones a la riqueza mundial. La crisis financiera y la recesión económica es la entropía que pagamos a causa de la globalización del sistema económico-financiero. Esta crisis es debido a un modelo económico fundamentalista que, como cualquier forma de fundamentalismo, impide a sus creyentes discernir lo que es nefasto e injusto. Esperar de los gobiernos la solución mediante ayuda monetaria no es tratar el problema en su fundamento sino es paliar el problema de la crisis además de premiar a los corruptos por su gestión inexcrupulosa. Es necesaria una transformación radical en la base teórica de la economía y también en la base práctica de su administración. La economía del Tercer Camino es el resultado de esta transformación y según Víctor Hugo: “No es posible resistir una idea cuyo tiempo ha llegado”. En las páginas anteriores hemos hablado de las ventajas de una vida austera y frugal y tener un sentido de ahorro como predica la teoría bioeconómica de la Economía del Tercer Camino. No obstante, por ser honesto surge la pregunta del millón: ¿Por qué ahorrar? ¿Para que unos corruptos nos despojen de nuestros ahorros y además sean premiados con “golden parachutes”…? La Economía del Tercer Camino quiere terminar con el círculo vicioso entre pobreza y el ahorro en el sentido de que un pueblo es pobre porque no ahorra y además por no ahorrar es pobre. Esta economía es un modelo con el propósito de estar al servicio del pueblo cuyo mantra es: haz el bien y no mires a quién. Este es el objetivo de esta economía que a mi modesto entender es un modelo económico y social para transformar el modelo capitalista de desigualdad a un modelo de igualdad económica y a la justicia distributiva. Esto es opuesto a la economía capitalista que es para servirse del pueblo y cuyo mantra es: sálvate como puedas y no mires a quien pisoteas. La Economía del Tercer Camino no es sólo un modelo económico; es más que un modelo para los intercambios comerciales. Es una economía entrepreneurial de propagar la innovación en la manufactura, producción y distribución de los bienes. Esta ya probada, por ejemplo, en China y la India, como una economía del modelo de la Economía del Tercer Camino basada en innovación y nuevos conocimientos y complementados con los factores del capital social es propicia para el desarrollo de una clase media. Se promueve esta economía a través de los bancos de comercio para avanzar una economía productiva que favorece el bienestar de la clase media y no como la economía capitalista que impulsa mediante los bancos de inversión el avance de una economía autística de inversionalización a favor de una minoría. El proceso de globalización ha globalizado solamente la economía y el mercado capitalista, no ha globalizado la distribución equitativa de la riqueza, tampoco la escolarización ni el derecho a la seguridad biológica. Las preguntas sobre la globalización son ¿Globalismo / no globalismo; competitividad / no competitividad; el mercado libre / no el mercado libre? … Las respuestas de la Economía del Tercer Camino son: globalismo sí pero con localismo; competitividad sí pero con cooperación y los factores no-económicos; el mercado libre sí pero también como un sitio para propagar los factores del capital social y no solo para competición salvaje.

SIN UTOPÍAS Tampoco la E T C favorece el mercado como un lugar para comercializar algunos bienes fundamentales para la Humanidad como son el agua, los alimentos y los combustibles fósiles. Como hemos observado últimamente el mercado puede ser un buen sirviente pero también puede ser una pésima maestra. En otras palabras el mercado globalizado es bueno para usted pero no para mí. Si se piensa que la Bioeconomía y la Economía del Tercer Camino son utópicas solo se tiene que recordar el caso de Corralito en Argentina y cómo una economía basada en los principios de la Bioeconomía estimulando el sistema del Trueque logró suavizar la penuria del pueblo en ese momento. Practicar la Economía del Tercer Camino requiere políticos con visión que valoren el bienestar de sus pueblos por encima de las políticas partidistas. Esta economía se distingue de la economía capitalista como se distingue un estratego de un táctico. Mientras, que al estratego le interesa una visión a largo plazo y una solución comprensiva a la crisis, al táctico con su visión puesta a corto plazo le interesa una solución temporal. Al fin y al cabo la Bioeconomía y su modelo práctico no es un modelo inalcanzable y como ya se ha dicho sólo necesita el poder y el interés del uno por ciento de la población (Penn y Zalesne, 2007) practicándola a nivel local y que ojala pudiera actuar como la vanguardia para el Movimiento del Tercer Camino a nivel global. La educación, a nivel formal e informal, es la clave para todo lo que tenemos que conseguir para poder poner en práctica la Bioeconomía y su modelo comercial; es decir: de un pensamiento único a un pensamiento plural; de políticas decimonónicas a las políticas para los problemas contemporáneos ; de una economía de sólo los factores económicos a una de estos factores sumados a los factores no-económicos del sentimiento, los factores no-económicos del empeño humano y los factores biológicos; de un consumo conspicuo y crecimiento continuo a un consumo responsable y a un decrecimiento mesurado complementado con un desaceleración del ritmo de vida en general y profesional en particular. Además, los gobiernos tienen que resistir la tentación de permitir establecimiento de universidades corporativas privadas que son en detrimento de la enseñanza pública y que aumentan la brecha entre las clases sociales.

MARK TWAIN Quiero terminar este texto con un segmento de Las Aventuras de Huckleberry Finn de Mark Twain porque pienso que es muy adecuada para contarla aquí y aprender de su moraleja bajo las presentes condiciones. H. Finn había pintado de graffiti la pared de una casa y había sido castigado con limpiarla y pintarla de nuevo. Llegó un amigo y le preguntó por qué estaba trabajando en un día festivo y le contestó: “No es trabajo para mí, lo estoy disfrutando y no se te ocurra pedirme que te deje ayudarme”. El amigo insistió que por favor le dejara ayudarle… H. Finn declinó hasta que finalmente accedió a la petición de su amigo pero le dijo que vale, siempre que estuviera dispuesto a pagar por la pintura y la brocha. Pronto llegaron otros amigos que querían pintar y H. Finn se puso contento de cobrar dinero de ellos. La moraleja es que H. Finn había cambiado un problema de él a una solución para él pero un problema para otros. Esto es exactamente lo que están haciendo los gobiernos en el caso de la crisis: deshacerse del problema de crisis que tienen que solucionar ellos y lo hacen pero: ¿Cómo? Entregando cantidades exorbitantes de dinero público a los bancos y corporaciones sin una verdadera solución. Lo que de verdad están haciendo es pasar el problema de la crisis a los pueblos que tendrán que pagar mediante impuestos, ellos, sus hijos y los nietos. En las palabras del economista brasileño Bresser Pereira lo que están haciendo los gobiernos es: “El sometimiento del estado a los ricos”. Además, la ayuda monetaria de los gobiernos podría repercutir en recortes en servicios sociales, el cuidado ambiental a corto plazo y una inflación galopante a largo plazo. Es imprescindible cambiar el modelo económico de una vez y para siempre aunque sería doloroso y costoso por un tiempo. ¿Es el modelo innovador de la Economía del Tercer Camino un sueño porque “soy muy consciente de estar luchando débilmente contra el torbellino del tiempo”?.

Mansour Mohammadian es profesor de Bioeconomía en la Universidad Complutense de Madrid

Email: 3emess2@gmail.com

http://www.scienceofbioeconomics.com

Notas, bibliografía y artículo completo en: www.theecologist.net

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Capitalismo / Socialismo

Reflexiones. Autor: Anónimo

En la imagen de arriba: Ese sistema apenas daña la naturaleza.
En la imagen de abajo, vivir así sólo se ha logrando dañando la naturaleza mediante extraordinarias fábricas que la depredan y la expolian, para poder fabricar esos productos que te ofrecen esa elevada calidad de vida y confort. El expolio normalmente lo ejecuta el país rico sobre el pobre. El país pobre normalmente tiene más riqueza natural que el país rico que le expolia. Que curioso, ¿verdad?.

Esas fábricas del Capitalismo, precisan recursos que logran pagando sueldos miserables en los países subdesarrollados, realmente expoliando los recursos naturales de esos países, vertiendo sus residuos muchas veces allí mismo, contaminando ríos, mares y tierras. Talan extensiones inmensas para sus cultivos intensivos industriales.

Una de las consecuencias es el vertido de plásticos y otros materiales contaminantes al mar por la propia población que consume los productos de estas fábricas.

Interesante para reflexionar.
Pero recordemos a costa de qué el capitalismo funciona: de depredar recursos de tu país y de los países militarmente desprotegidos, de verter los residuos en tierra, mar y ríos, de explotar mano de obra barata en países subdesarrollados, etc… Ello produce un bienestar en los países capitalistas que tendrá su colapso cuando la Naturaleza no pueda contener la vida humana…¿por ello las guerras y las pandemias víricas programadas?

La manera contemporánea de someter a un pueblo, sin hacer un solo disparo, es hundirlos en la ignorancia.

Aguas fecales en el mar expulsadas de hoteles y grandes comunidades de viviendas… ¿es seguro me cure la enfermedad cutánea que tengo? ¿comemos pescado hoy?… se puede decir mucho más…pero que la naturaleza colapsará y con ella TODO…pero, depende de si la Élite reduce la población a tiempo ¿elegirá el formato guerra o pandemia ?… está por ver, pero la decisión será tomada. La salvación de la naturaleza y por tanto de nosotros mismos, a través de la responsabilidad individual, es una opción descartada desde hace mucho tiempo.

Dicen que para que el socialismo funcione debe ser dirigido por buenas personas. El problema es que las buenas personas no quieren dirigir a las demás personas.

No os preocupéis… la Élite reducirá la población a tiempo antes de la naturaleza colapse… o dejará que colapse y ya tendrán preparada para sacar al mercado la comida artificial, la comida sintética…… ¿a ver cómo resuelven esto nuestros nietos?
Reflexión. Recordemos que en este portal no defendemos ninguna ideología. Somo herejes (ya sabes que eso significa, es ser libre pensador).
Para reflexionar. No estamos denunciando nada. Autor: anónimo.
¿Sólo cuando hay pandemias…?

v

Ese 1% que controla el mundo ¿es la alta masonería?, ¿los illuminati?

Diariamente me llega por correo electrónico ofertas de FABRICANTES chinos. Me sorprende ver sus páginas webs en varios idiomas, tan bien estructuradas, con productos de todo tipo y de todas las calidades. Esto es una evidencia de su potencia económica. Dejemos al margen ahora el impacto medioambiental que todo esto tiene. Daños medioambientales precisamente que supondrán el colapso de la industria y del capitalismo. No soy socialista, pues sé que ese sistema sólo genera miseria y hambre, pero el capitalista sólo funciona ya que se depreda la naturaleza y consecuentemente la contamina. Es decir, será la propia naturaleza la que decida hasta cuándo durará la vida en el planeta –al menos, como la conocemos. Veamos en este ejemplo real, como este fabricante chino acepta pedidos mínimos de 1.000 mochilas, cuyo precio es de 17 euros, y ya tiene estocadas 90.000 unidades. Pero en su web tiene docenas de modelos de distintas mochilas que indican también ese mismo pedido mínimo…. ¿Qué país se acerca a alcanzar esos niveles? , ¿a cuánto está España…?…

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Las religiones y las iglesias

Reflexiones:

El título más valioso que puedes obtener en la Vida, es el de BUENA PERSONA. No lo otorgan las universidades, te lo otorgan…tus valores.

La imagen puede contener: texto que dice "La iglesia no mantiene a nadie. Tiene que ser mantenida. No produce trigo ni maíz. No trabaja la tierra. Es una mendiga perpetua. Vive del trabajo de otros, y luego tiene lá arrogancia de decir que nos ayuda a todos."

La imagen puede contener: una o varias personas, texto que dice ""Si alguien necesita de religión para ser bueno, entonces esa persona no es buena, es como un perro amaestrado". Tulku Rinpoche www.menteliquida.com"

Apertura de consciencia:

La imagen puede contener: una o varias personas, texto que dice "Si la persona que te ofrece el paraíso para salvar tu alma también te amenaza con un infierno, pues no te quiere ayudar ni salvar; es terrorismo, chantaje y extorsión. Nelson Sequeira"

La mayoría de la humanidad no dice lo que piensa, dice lo que ha oído.

La imagen puede contener: una persona, texto que dice ""LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA HACE MÁS DAÑO QUE LA BOMBA ATÓMICA, PORQUE DESTRUYE LOS CEREBROS" NOAM CHOMSKY"

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Entré en una iglesia y tuve la fortuna de encontrarme el Libro de Lecturas sobre el atril,, lo abrí e hice esta foto. LÉELO y REFLEXIONA !!!!: ¿ves algún mensaje de amor de Dios? ¿Ves un mensaje que te ayude a evolucionar a nivel espiritual? o ves amenazas, ira, violencia…: «ángeles encargados de dañar la tierra», «…hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios», «la victoria es de nuestro Dios»…
Esto te lo ha leído el cura en misa docenas de veces y en cada una de esas ocasiones, dijiste «AMEN». Pero ¡¡¡ tú no escuchas!!!??

¿Ponerle sello a la gente? … ¿Dios necesita marcar a las personas para no confundirse unos con otros?…. que, que, que?

NN

Ojo con esto. Investigado tú!
Opino que la elevación espiritual es fundamento de nuestra existencia y ninguna religión en sus ritos lo dice. Nunca lo oí en misa ni de la boca de un religioso…
Ya sabes que los agnósticos fueron perseguidos y asesinados por los cristianos al sostener que no necesitaban curas ni iglesia para tener comunicación con Dios. ¿Esto era una amenaza al poder y al control de la Iglesia?. Responde!

Investiga en Internet todo lo relativo a colocar un chip a las personas (con su historial médico, sistema de pago, GPS, …). ¿Hay agenda para su implantación obligatoria? ¿es eso a lo que se refiere el Libro de Lecturas con lo de sellar a las personas?. No trato de asustarte, no pretendo trasmitirte mi miedo.

¿Casualidad?
¡Despierta!

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La abolición del trabajo. Nadie debería trabajar

Autor: Bob Black
La abolición del trabajo – Nadie debería trabajar. REFLEXIÓN:

El trabajo es la fuente de casi toda la miseria en el mundo. Casi todos los males que puedas mencionar provienen del trabajo, o de vivir en un mundo diseñado para el trabajo. Para dejar de sufrir, tenemos que dejar de trabajar.

Esto no significa que tenemos que dejar de hacer cosas. Significa crear una nueva forma de vivir basada en el juego; en otras palabras, una convivencia lúdica, comensalismo, o tal vez incluso arte. El juego no es solo el de los niños, con todo y lo valioso que éste es. Pido una aventura colectiva en alegría generalizada y exhuberancia libre interdependiente. El juego no es pasivo. Sin duda necesitamos mucho más tiempo para la simple pereza y vagancia que el que tenemos ahora, sin importar los ingresos y ocupaciones, pero, una vez recobrados de la fatiga inducida por el trabajo, casi todos nosotros queremos actuar. El oblomovismo y el estajanovismo son dos lados de la misma moneda despreciada.

La vida lúdica es totalmente incompatible con la realidad existente. Peor para la «realidad», ese pozo gravitatorio que absorbe la vitalidad de lo poco en la vida que aún la distingue de la simple supervivencia. Curiosamente — o quizás no — todas las viejas ideologías son conservadoras porque creen en el trabajo. Algunas de ellas, como el marxismo y la mayoría de las ramas del anarquismo, creen en el trabajo aún más fieramente porque no creen en casi ninguna otra cosa.

Los liberales dicen que deberíamos acabar con la discriminación en los empleos. Yo digo que deberíamos acabar con los empleos. Los conservadores apoyan leyes del derecho-a-trabajar. Siguiendo al yerno descarriado de Karl Marx, Paul Lafargue, yo apoyo el derecho a ser flojo. Los izquierdistas favorecen el empleo total. Como los surrealistas — excepto que yo no bromeo — favorezco el desempleo total. Los trotskistas agitan por una revolución permanente. Yo agito por un festejo permanente. Pero si todos los ideólogos defienden el trabajo (y lo hacen) — y no solo porque planean hacer que otras personas hagan el suyo — son extrañamente renuentes a admitirlo. Hablan interminablemente acerca de salarios, horas, condiciones de trabajo, explotación, productividad, rentabilidad. Hablarán alegremente sobre todo menos del trabajo en sí mismo. Estos expertos que se ofrecen a pensar por nosotros raramente comparten sus ideas sobre el trabajo, pese a su importancia en nuestras vidas. Discuten entre ellos sobre los detalles. Los sindicatos y los patronos concuerdan en que deberíamos vender el tiempo de nuestras vidas a cambio de la supervivencia, aunque regatean por el precio. Los marxistas piensan que deberíamos ser mandados por burócratas. Los anarco-capitalistas piensan que deberíamos ser mandados por empresarios. A los feministas no les importa cuál sea la forma de mandar, mientras sean mujeres quienes manden. Es claro que estos ideo-locos tienen serias diferencias acerca de cómo dividir el botín del poder. También es claro que ninguno de ellos tiene objeción alguna al poder en sí mismo, y todos ellos desean mantenernos trabajando.

Debes estar preguntándote si bromeo o hablo en serio. Pues bromeo y hablo en serio. Ser lúdico no es ser ridículo. El juego no tiene que ser frívolo, aunque la frivolidad no es trivialidad: con frecuencia debemos tomar en serio la frivolidad. Deseo que la vida sea un juego — pero un juego con apuestas altas. Quiero jugar para ganar.

La alternativa a trabajar no es el ocio solamente. Ser lúdico no es ser estático. Aunque valoro el placer de la pereza, nunca es más satisfactoria que cuando sirve de intermedio entre otros placeres y pasatiempos. Tampoco promuevo esa válvula de seguridad disciplinada y gerenciada llamada «tiempo libre»; nada de eso. El tiempo libre es no trabajar por el bien del trabajo. El tiempo libre es tiempo gastado en recobrarse del trabajo, y en el frenético pero inútil intento de olvidarse del trabajo. Mucha gente regresa de sus vacaciones tan agotada que desean volver al trabajo para descansar. La diferencia principal entre el tiempo libre y el trabajo es que al menos te pagan por tu alienación y agotamiento.

No estoy jugando a las definiciones. Cuando digo que quiero abolir el trabajo, me refiero justo a lo que digo, pero quiero decir a lo que me refiero definiendo mis términos de formas no idiosincráticas. Mi definición mínima del trabajo es labor forzada, es decir, producción impuesta. Ámbos elementos son esenciales. El trabajo es producción impuesta por medios económicos o políticos, por la zanahoria o el látigo (la zanahoria es solo el látigo por otros medios). Pero no toda creación es trabajo. El trabajo nunca es hecho por amor al trabajo mismo, sino para obtener un producto o resultado que el trabajador (o, con más frecuencia, alguien más) recibe del mismo. Esto es lo que el trabajo debe ser. Definirlo es despreciarlo. Pero el trabajo es usualmente peor de lo que indica su definición. La dinámica de dominación contenida por el trabajo tiende a desarrollarse con el tiempo. En las sociedades avanzadas e infestadas de trabajo, incluyendo todas las sociedades industriales, capitalistas o «comunistas», el trabajo siempre adquiere otros atributos que lo hacen aún más nocivo.

Usualmente — y esto es aún más cierto en los países «comunistas» que en los capitalistas, donde el Estado es casi el único patrono y todos son empleados — el trabajo es asalariado, lo que significa venderte a tí mismo a plazos. Así que el 95% de los estadounidenses que trabajan, trabajan para alguien (o algo) más. En la URSS, Cuba, Yugoslavia o cualquier otro modelo alternativo que puedas mencionar, la cifra correspondiente se aproxima al 100%. Solo los fortificados bastiones de campesinos del Tercer Mundo — México, India, Brasil, Turquía — albergan temporalmente concentraciones significativas de agricultores que perpetúan el acuerdo tradicional de la mayoría de los trabajadores en los últimos milenios: el pago de impuestos (rescate) al Estado o renta a los parasíticos terratenientes, a cambio de que les dejen en paz en todo lo demás. Incluso éste simple trato empieza a verse agradable. Todos los trabajadores industriales (y de oficina) se encuentran bajo el tipo de supervisión que asegura la servilidad.

Pero el trabajo moderno tiene peores implicaciones. La gente no solo trabaja, tienen «empleos». Una persona realiza una tarea productiva todo el tiempo «¡o si no…!». Aún si la tarea tiene aunque sea un átomo de interés intrínseco (y cada vez menos trabajos lo tienen) la monotonía de su obligatoriedad exclusiva elimina su potencial lúdico. Un «empleo» que podría atraer la energía de algunas personas, por un tiempo razonable, por pura diversión, es tan solo una carga para aquellos que tienen que hacerlo por cuarenta horas a la semana sin voz ni voto sobre cómo debería hacerse, para beneficio de propietarios que no contribuyen en nada al proyecto, y sin oportunidad de compartir las tareas o distribuir el trabajo entre aquellos que tienen que hacerlo. Este es el verdadero mundo del trabajo: Un mundo de estupidez burocrática, de acoso sexual y discriminación, de jefes cabeza hueca explotando y descargando la culpa sobre sus subordinados, quienes — según cualquier criterio técnico-racional — deberían estar dirigiendo todo. Pero el capitalismo en el mundo real sacrifica la maximización racional de la productividad y el beneficio ante las exigencias del control organizacional.

La degradación que experimentan la mayoría de los trabajadores es la suma de varias indignidades que pueden ser denominadas como «disciplina». Foucault ve este fenómeno de manera complicada, pero es muy simple. La disciplina consiste en la totalidad de los controles totalitarios en el lugar de trabajo — supervisión, movimientos repetitivos, ritmos de trabajo impuestos, cuotas de producción, marcar tarjeta, etc. La disciplina es lo que la fábrica, la oficina y la tienda comparten con la cárcel, la escuela y el hospital psiquiátrico. Es algo históricamente nuevo y horrible. Va más allá de las capacidades de los dictadores demoníacos de antaño como Nerón y Gengis Khan e Iván el Terrible. Pese a sus malas intenciones, ellos no tenían la maquinaria para controlar a sus súbditos tan completamente como los déspotas modernos. La disciplina es el modo de control moderno, especialmente diabólico, es una irrupción novedosa que debe ser detenida a la primera oportunidad.

Eso es el «trabajo». El juego es todo lo contrario. El juego es siempre voluntario. Lo que de otro modo sería un juego, es trabajo si es forzado. Esto es axiomático. Bernie de Koven ha definido el juego como la «suspensión de las consecuencias». Esto es inaceptable si significa que el juego es inconsecuente. No es que el juego no tenga consecuencias. Eso sería rebajar al juego. El asunto es que las consecuencias, si las hay, son gratuitas. El jugar y el dar están estrechamente relacionados, son facetas conductuales y transaccionales del mismo impulso, el instinto-de-jugar. Ámbos comparten un desdén aristocrático hacia los resultados. El jugador recibe algo al jugar; es por eso que juega. Pero la recompensa principal es la experiencia de la actividad misma (cualquiera que sea). Algunos estudiosos del juego, normalmente atentos (como el Homo Ludens de Johan Huizinga), lo definen como «seguir reglas». Respeto la erudicción de Huizinga pero rechazo enfáticamente sus restricciones. Existen buenos juegos (ajedrez, baseball, monopolio, bridge) que están regidos por reglas, pero hay mucho más en jugar que seguir reglas. La conversación, el sexo, el baile, los viajes — estas prácticas no siguen reglas, pero son juegos sin la menor duda. Y es posible jugar con las reglas tanto como con cualquier otra cosa.

El trabajo hace de la libertad una burla. El discurso oficial dice que todos tenemos derechos y vivimos en una democracia. Otros desafortunados que no son libres como nosotros tienen que vivir en Estados policiales. Estas víctimas obedecen órdenes «¡o si no…!», sin importar cuán arbitrarias. Las autoridades les mantienen bajo supervisión constante. Los burócratas del Estado controlan hasta los detalles más pequeños de la vida diaria. Los oficiales que les empujan de un lado a otro solo responden ante sus superiores, públicos o privados. De cualquier modo, la disensión y la desobediencia son castigados. Los informantes reportan regularmente a las autoridades. Se supone que todo esto es muy malo.

Y lo es, excepto que no es sino una descripción del puesto de trabajo moderno. Los liberales y conservadores y anarco-capitalistas que lamentan el totalitarismo son falsos e hipócritas. Hay más libertad en cualquier dictadura moderadamente desestalinizada que en el típico puesto de trabajo estadounidense. Encuentras el mismo tipo de jerarquía y disciplina en una oficina o fábrica que en una cárcel o monasterio. De hecho, como Foucault y otros han mostrado, las cárceles y las fábricas surgieron casi al mismo tiempo, y sus operadores copiaron conscientemente las técnicas de control de unas y de otras. Un trabajador es un esclavo de medio tiempo. El jefe dice cuándo llegar, cuándo irse, y qué hacer entre los dos. Te dice cuánto trabajo hacer y qué tan rápido. Puede llevar su control hasta extremos humillantes, regulando, si le da la gana, las ropas que llevas o qué tan a menudo puedes ir al baño. Con unas pocas excepciones, puede despedirte por cualquier razón, o sin razón. Eres espiado por informantes y supervisores, amasa un expediente de cada empleado. Contestarle es llamado «insubordinación», como si el trabajador fuese un niño malo, y no solo hace que te despidan, te descalifica para compensación de desempleo. Sin aprobarlo necesariamente para ellos tampoco, hay que señalar que los niños en la casa y en la escuela reciben un tratamiento similar, en este caso justificado por su supuesta inmadurez. ¿Qué nos dice esto acerca de sus padres y maestros que trabajan?

El humillante sistema de dominación que he descrito rige sobre la mitad de las horas de vigilia de una mayoría de mujeres y la vasta mayoría de los hombres por décadas, por la mayor parte de sus vidas. Para ciertos propósitos, no es del todo erróneo llamar a nuestro sistema democracia o capitalismo o — mejor aún — industrialismo, pero sus verdaderos nombres son fascismo de fábrica y oligarquía de oficina. Quien diga que esta gente es «libre» es un mentiroso o un estúpido. Eres lo que haces. Si haces trabajo aburrido, estúpido y monótono, lo más probable es que tú mismo acabarás siendo aburrido, estúpido y monótono. El trabajo explica la creciente cretinización a nuestro alrededor mucho mejor que otros mecanismos idiotizantes como la televisión y la educación. Quienes viven marcando el paso todas sus vidas, llevados de la escuela al trabajo y enmarcados por la familia al comienzo y el asilo al final, están habituados a la jerarquía y esclavizados sicológicamente. Su aptitud para la autonomía se encuentra tan atrofiada, que su miedo a la libertad es una de sus pocas fobias con base racional. El entrenamiento de obediencia en el trabajo se traslada hacia las familias que ellos inician, reproduciendo así el sistema en más de una forma, y hacia la política, la cultura y todo lo demás. Una vez que absorbes la vitalidad de la gente en el trabajo, es probable que se sometan a la jerarquía y la experticia en todo. Están acostumbrados a ello.

Vivimos tan cerca del mundo del trabajo que no vemos lo que nos hace. Tenemos que basarnos en observadores externos de otros tiempos u otras culturas para apreciar el extremismo y la patología de nuestra posición presente. Hubo un tiempo en nuestro pasado en que la «ética del trabajo» hubiese sido incomprensible, y quizás Weber comprendió algo importante cuando conectó su aparición con una religión, el calvinismo, que si hubiese aparecido hoy, en vez de hace cuatro siglos, hubiese sido llamado acertadamente una secta. De cualquier forma, solo tenemos que usar la sabiduría de la antiguedad para poner el trabajo en perspectiva. Los antiguos veían el trabajo tal como era, y su punto de vista prevaleció, pese a los locos calvinistas, hasta que fué desterrado por el industrialismo — pero no ántes de ser promovido por sus profetas.

Imaginemos por un momento que el trabajo no convierte a la gente en sumisos atontados. Imaginemos, contra cualquier psicología creíble y contra la ideología de sus defensores, que no tiene efecto en la formación del carácter. E imaginemos que el trabajo no es tan aburrido, agotador y humillante como todos sabemos que realmente es. Aún así, el trabajo sigue siendo una burla de todas las aspiraciones democráticas y humanistas, solo porque usurpa tanto de nuestro tiempo. Sócrates dijo que los trabajadores manuales suelen ser malos amigos y malos ciudadanos, porque no tienen tiempo de cumplir con las responsabilidades de la amistad y la ciudadanía. Tenía razón. A causa del trabajo, sin importar lo que hagamos, nos la pasamos mirando los relojes. La única cosa «libre» sobre el llamado tiempo libre es que no le cuesta nada al jefe. El tiempo libre está dedicado en su mayoría a prepararse para ir al trabajo, ir al trabajo, regresar del trabajo, y recobrándose del trabajo. El tiempo libre es un eufemismo para la manera peculiar en que el trabajador, como factor de producción, no solo se transporta a sí mismo, a sus propias expensas, desde y hacia el puesto de trabajo, sino que además asume la responsabilidad por su propio mantenimiento y reparación. El carbón y el acero no hacen eso. Las máquinas fresadoras y las de escribir no hacen eso. Pero los empleados lo hacen. Con razón Edward G. Robinson, en una de sus películas de gangsters, exclamó «¡el trabajo es para los estúpidos!»

Platón y Jenofonte atribuyen a Sócrates, y obviamente comparten con él, una comprensión de los efectos destructivos del trabajo en el trabajador como ciudadano y como ser humano. Heródoto identificó el desprecio por el trabajo como un atributo de los griegos clásicos en la cumbre de su cultura. Cicerón dijo que «quien da su labor a cambio de dinero se vende a sí mismo, y se coloca al mismo nivel que los esclavos». Su candor es raro ahora, pero las sociedades primitivas contemporáneas a las que solemos ver con desprecio nos proveen de portavoces que han intrigado a los antropólogos de Occidente. Los Kapaku de Nueva Guinea Occidental, según Posposil, tienen una concepción de balance en la vida, y por ello trabajan un día y otro no; el día de descanso está destinado a «recobrar el poder y salud perdidos». Nuestros antepasados, incluso en el siglo XVIII, cuando ya habían recorrido la mayor parte del camino hacia nuestro actual predicamento, al menos sabían lo que nosotros hemos olvidado, el lado siniestro de la industrialización. Su devoción religiosa a «San Lunes» — con lo cual establecieron una semana laboral de facto de cinco días 150 a 200 años antes de su consagración legal — era la desesperación de los primeros propietarios de fábricas. Les tomó un largo tiempo someterse a la tiranía de la campana, predecesora del reloj. De hecho, se necesitó una generación o dos para reemplazar varones adultos con mujeres acostumbradas a la obediencia y niños que podían ser moldeados para ajustarse a las necesidades industriales. Incluso los campesinos explotados del Antiguo Régimen le sustraían un tiempo sustancial a su trabajo para el Señor. De acuerdo a Lafargue, un cuarto del calendario de los campesinos franceses estaba dedicado a domingos y días festivos, y las cifras de Chayánov sobre los poblados de la Rusia Zarista — nada más lejos de una sociedad progresista — también muestra que un cuarto o quinto de los días de los campesinos se dedicaba al reposo. Controlando para la productividad, estamos obviamente muy por detrás de estas sociedades atrasadas. Los muzhíks explotados se preguntarían por qué cualquiera de nosotros se molesta siquiera en trabajar. También nosotros deberíamos.

Sin embargo, para captar completamente la enormidad de nuestro deterioro, consideremos la condición original de la humanidad, sin gobierno o propiedad, cuando vagábamos como cazadores-recolectores. Hobbes decía que la vida era violenta, brutal y breve. Otros asumen que la vida era una lucha desesperada y sin cuartel por la subsistencia, una guerra contra la naturaleza, con la muerte y el desastre esperando a los desafortunados o a cualquiera que no estuviese a la altura del desafío de la lucha por la existencia. En realidad, todo eso era una proyección de los miedos ante el colapso de la autoridad del gobierno sobre comunidades que no estaban acostumbradas a vivir sin él, como la Inglaterra de Hobbes durante la Guerra Civil. Los compatriotas de Hobbes ya habían encontrado formas de sociedad alternativas que ilustraban otras formas de vida — en América del Norte, en particular — pero incluso estas se hallaban demasiado lejos de su experiencia para ser comprensibles. (Las clases bajas, más cercanas a la condición de los indios, lo entendieron mejor y a menudo la encontraron atractiva. A lo largo del siglo diecisiete, muchos colonos ingleses desertaron para unirse a las tribus o, habiendo sido capturados en la guerra, se rehusaron a volver. Pero los indios no desertaban a las colonias inglesas, al igual que los alemanes nunca saltan el Muro de Berlín hacia el Este). La versión de la «supervivencia del más apto» — la versión de Thomas Huxley — del Darwinismo era más una crónica de las condiciones económicas de la Inglaterra victoriana que de la selección natural, como lo demostró el anarquista Kropotkin en su libro El Apoyo Mutuo, Un Factor de la Evolución. (Kropotkin era un científico — un geógrafo — que tuvo amplias oportunidades involuntariamente para hacer trabajo de campo mientras estaba exiliado en Siberia: sabía de lo que estaba hablando). Como la mayoría de las teorías sociales y políticas, las historias que Hobbes y sus sucesores contaban eran en realidad autobiografías.

El antropólogo Marshall Sahlins, examinando datos sobre cazadores-recolectores contemporáneos, deshizo el mito Hobbesiano en un artículo titulado «La Sociedad Afluente Original». Ellos trabajan mucho menos que nosotros, y su trabajo es difícil de distinguir de lo que llamamos juego. Sahlins concluyó que «los cazadores y recolectores trabajan menos que nosotros; y más que un trabajo continuo, la búsqueda de comida es intermitente, el tiempo libre es abundante, y pasan más tiempo durmiendo durante el día, por persona y año, que en cualquier otra condición de la sociedad». Trabajaban un promedio de cuatro horas por día, asumiendo que «trabajasen» en lo absoluto. Su «labor», tal como nos parece a nosotros, era una labor especializada que ejercía sus facultades intelectuales y físicas; el trabajo no calificado a gran escala, como dice Sahlins, es imposible excepto bajo el industrialismo. Por tanto, satisfacía la definición de juego según Friedrich Schiller, la única ocasión en que el hombre realiza su completa humanidad al dar completa expresión a ambos lados de su naturaleza: pensar y sentir. Como él decía: «El animal trabaja cuando es la privación lo que lo motiva, y juega cuando la plenitud de su fuerza es su motivador, cuando la vida superabundante es su propio estímulo para la actividad». (Una versión moderna — dudosamente mejorada — es la contraposición, hecha por Abraham Maslow, entre motivación por «deficiencia» y por «crecimiento»). El juego y la libertad son, en lo que se refiere a la producción, coextensivos. Aún Marx, quien pertenece (pese a sus buenas intenciones) al panteón productivista, observó que «el reino de la libertad no comienza hasta que se ha sobrepasado la necesidad de trabarar bajo la compulsión de la necesidad y la utilidad externa». Él nunca pudo llegar a identificar esta feliz circunstancia como lo que es, la abolición del trabajo — es más bien anómalo, después de todo, estar a favor de los trabajadores y en contra del trabajo — pero nosotros sí podemos.

El deseo de retroceder (o avanzar) hacia una vida sin trabajo es evidente en cada historia social o cultural seria de la Europa preindustrial, entre ellas la Inglaterra en Transición de M. Dorothy George y Cultura Popular A Comienzos de La Europa Moderna de Peter Burke. También es pertinente el ensayo de Daniel Bell, «El Trabajo y sus Descontentos», el primer texto, según creo, en referirse a la «rebelión contra el trabajo» con esas mismas palabras y, si hubiese sido comprendido, hubiese sido una importante corrección a la complacencia que suele asociarse con el volúmen en que fue incluído, El Fin de la Ideología. Ni sus críticos ni sus celebrantes han notado que la tesis sobre el fin-de-la-ideología de Bell no se refería al fin de la lucha social, sino el comienzo de una nueva fase, no restringida ni dirigida por ideologías. Fue Seymour Lipset (en El Hombre Político), no Bell, quien anunció al mismo tiempo que «los problemas fundamentales de la Revolución Industrial han sido resueltos», tan solo algunos años antes de que los descontentos post o meta-industriales entre los estudiantes universitarios hicieran a Lipset abandonar la universidad de Berkeley y buscar la tranquilidad relativa (y temporal) de Harvard.

Como indica Bell, Adam Smith en La Riqueza de las Naciones, pese a su entusiasmo por el mercado y la división del trabajo, estaba más alerta (y era más honesto) sobre el lado oscuro del trabajo, que Ayn Rand , los economistas de Chicago o cualquiera de los modernos seguidores de Smith. Como observó Smith: «el entendimiento de la mayoría de los hombres se forma necesariamente por sus ocupaciones habituales. El hombre que se pasa la vida efectuando unas cuantas operaciones simples… no tiene ocasión de ejercer su entendimiento… Por lo general se vuelve tan estúpido e ignorante como es posible que una criatura humana llegue a serlo.» He aquí, en pocas y simples palabras, mi crítica del trabajo. Bell, escribiendo en 1956, la Edad de Oro de la imbecilidad eisenhoweriana y autosatisfacción estadounidense, identificó la crisis desorganizada e inorganizable de los setenta y más allá, la crisis que ninguna tendencia política es capaz de canalizar, la crisis que fue identificada en el reporte de la HEW, El Trabajo en América, la crisis que no puede ser aprovechada y, por lo tanto, es ignorada. Esa crisis es la rebelión contra el trabajo. No figura en ningún texto de ningún economista del laisez-faire — Milton Friedman, Murray Rothbard, Richard Posner — porque, en sus términos, como solían decir en Viaje a las Estrellas, «no computa».

Si estas objeciones, formadas por el amor a la libertad, no convencen a los humanistas de tipo utilitario e incluso paternalista, existen otras que ellos no pueden despreciar. Para fusilarme el título de un libro: El trabajo es nocivo para tu salud. De hecho, el trabajo es asesinato en masa o genocidio. Directa o indirectamente, el trabajo matará a la mayoría de los que lean estas palabras. Entre 14.000 y 25.000 trabajadores mueren en este país anualmente en el lugar de trabajo. Más de dos millones quedan discapacitados. De veinte a veinticinco millones son heridos cada año. Y estas cifras se basan en una estimación muy conservadora acerca de qué constituye una herida relacionada con el trabajo. Por ejemplo, no cuentan el medio millón de casos de enfermedad ocupacional cada año. Hojeé un libro de texto médico sobre enfermedades ocupacionales y tenía 1.200 páginas. Incluso esto apenas es la punta del iceberg. Las estadísticas disponibles cuentan los casos obvios, como los 100.000 mineros que tienen el mal del pulmón negro, de quienes mueren 4.000 cada año, una tasa de mortalidad mucho mayor que la del SIDA, por ejemplo, que recibe tanta atención de los medios. Esto refleja la creencia sobreentendida de que el SIDA aflige a pervertidos que podrían controlar su depravación mientras que la extracción de carbón es una actividad sacrosanta e incuestionable. Lo que las estadísticas no muestran es que decenas de millones de personas ven reducidas sus expectativas de vida a causa del trabajo — que es lo que sigifica la palabra homicidio, después de todo. Considera a los doctores que trabajan hasta morir a los cincuenta y tantos. Considera a todos los otros adictos al trabajo.

Aún si no quedas muerto o inválido mientras trabajas, también puedes morir mientras vas al trabajo, regresas del trabajo, buscas trabajo, o tratas de olvidarte del trabajo. La gran mayoría de las víctimas por accidentes de tránsito estaban realizando algunas de estas actividades obligadas por el trabajo, o cayeron víctimas de alguien que las hacía. A este conteo de cadáveres se debe añadir las víctimas de la contaminación auto-industrial y la adicción al alcohol y drogas inducida por el trabajo. Tanto el cáncer como las enfermedades cardíacas son aflicciones modernas cuyo orígen se puede rastrear, directa o indirectamente, hacia el trabajo.

El trabajo, entonces, institucionaliza el homicidio como forma de vida. La gente piensa que los camboyanos estaban locos al exterminarse a sí mismos, pero ¿somos nosotros diferentes? El régimen de Pol Pot al menos tenía una visión, aunque borrosa, de una sociedad igualitaria. Nosotros matamos a personas en el rango de las seis cifras (por lo menos) para vender Big Macs y Cadillacs a los que sobrevivan. Nuestras cuarenta o cincuenta mil muertes anuales en la autopista son víctimas, no mártires. Murieron por nada — o más bien, murieron por trabajar. Pero el trabajo no es algo por lo que valga la pena morir.

Malas noticias para los liberales: el trasteo regulatorio es inútil en este contexto de vida-o-muerte. La Administración de Seguridad y Salud Ocupacional estaba diseñada para vigilar la parte central del problema, la seguridad en el puesto de trabajo. Incluso antes de que Reagan y la Corte Suprema la deshabilitasen, la ASSO era una farsa. Incluso en los tiempos en que el Presidente Carter le otorgaba fondos generosos (para la norma actual), un puesto de trabajo podía esperar una visita sorpresa de un inspector de la ASSO cada 46 años.

El control estatal de la economía no es solución. El trabajo es más peligroso en los países con socialismo de Estado de lo que lo es aquí. Miles de obreros rusos murieron o resultaron heridos construyendo el metro de Moscú. Existen montones de historias sobre desastres nucleares soviéticos encubiertos que hacen que Times Beach o Three Mile Island parezcan simulacros de ataque aéreo de escuela primaria. Por otro lado, la desregulación, de moda actualmente, no ayudará y probablemente hará más daño. Desde el punto de vista de la salud y la seguridad, el trabajo estaba en su peor momento en aquellos días cuando la economía se acercaba más al libre mercado.

Historiadores como Eugenio Genovese han argumentado contundentemente que — como decían los defensores de la esclavitud de antaño — los trabajadores asalariados en los Estados del Norte y en Europa vivían peor que los esclavos en las plantaciones del Sur. Ningún reajuste de las relaciones entre los burócratas y los empresarios parece hacer mucha diferencia a nivel de quienes hacen la producción. Si se impusieran seriamente incluso las normas más vagas de la ASSO, la economía se estancaría por completo. Los vigilantes aparentemente se percatan de ello, ya que ni siquiera intentan arrestar a los malechores.

Lo que he dicho hasta ahora no debería ser controversial. Muchos trabajadores están hartos del trabajo. Las tasas de ausentismo, despidos, robo y sabotaje por parte de empleados, huelgas ilegales, y flojera general en el trabajo son altas y van subiendo. Podría haber un movimiento hacia un rechazo consciente y no solo visceral del trabajo. Y sin embargo, el sentimiento prevalente, universal entre los patronos y sus agentes, y muy extendida entre los trabajadores mismos, es que el trabajo mismo es inevitable y necesario.

Yo discrepo. Ahora es posible abolir el trabajo y reemplazarlo, hasta donde sirve a propósitos útiles, con una multitud de nuevos tipos de actividades libres. Abolir el trabajo requiere ir hacia él desde dos direcciones, cuantitativa y cualitativamente. Por el lado cuantitativo, hemos de recortar masivamente la cantidad de trabajo que se hace. En la actualidad, la mayor parte del trabajo es inútil o peor, y deberíamos deshacernos de él. Por el lado cualitativo — y pienso que esta es la base del asunto, y el punto de partida nuevo y revolucionario — hemos de tomar el trabajo útil que queda y transformarlo en una agradable variedad de pasatiempos parecidos al juego y la artesanía, que no se puedan distinguir de otros pasatiempos placenteros, excepto que sucede que generan productos útiles. Sin duda eso no los hará menos estimulantes. Entonces, todas las barreras artificiales del poder y la propiedad se vendrían abajo. La creación se convertiría en recreación. Y podríamos dejar de vivir temerosos los unos de los otros.

No estoy sugiriendo que la mayoría del trabajo pueda salvarse de esta manera. Pero la mayoría del trabajo no vale la pena salvarlo. Solo una fracción pequeña y menguante del trabajo sirve para algún propósito útil, aparte de la defensa y reproducción del sistema del trabajo y sus apéndices políticos y legales. Hace veinte años, Paul y Percival Goodman estimaron que solo el cinco por ciento del trabajo que se hacía entonces — presuntamente la cifra, de ser exacta, es aún más baja ahora — bastaría para cubrir nuestras necesidades mínimas de comida, ropa, y techo. Su cálculo era solo una aproximación educada, pero el punto clave está claro: directa o indirectamente, la mayor parte del trabajo sirve los propósitos improductivos del comercio o el control social. De inmediato podemos liberar a decenas de millones de vendedores, soldados, gerentes, policías, guardias, publicistas y todos los que trabajan para ellos. Es un efecto de avalancha, puesto que cada vez que dejas sin trabajo a un pez gordo, también liberas a sus lacayos y subordinados. Y entonces la economía implota.

El cuarenta por ciento de la fuerza laboral son trabajadores de cuello blanco, la mayoría de los cuales tienen algunos de los empleos más tediosos e idiotas jamás concebidos. Industrias enteras, seguros y bancos y bienes raíces por ejemplo, no consisten en nada más que mover papeles inútiles de un lado a otro. No es accidente que el «sector terciario», el sector de servicios, esté creciendo mientras el «sector secundario» (industria) se atasca y el «sector primario» (agricultura) casi desaparece. Porque el trabajo es innecesario excepto para aquellos cuyo poder asegura, los trabajadores son desplazados desde ocupaciones relativamente útiles a relativamente inútiles, como una medida para asegurar el orden público. Cualquier cosa es mejor que nada. Es por eso que no puedes irte a casa solo porque terminaste temprano. Quieren tu tiempo, lo suficiente para que les pertenezcas, aún si no tienen uso para la mayor parte del mismo. De no ser así, ¿por qué la semana de trabajo promedio no ha disminuído más que unos cuantos minutos en los últimos cincuenta años?

A continuación, podemos aplicar el machete al trabajo de producción mismo. No más producción de guerra, energía nuclear, comida chatarra, desodorante de higiene femenina — y por sobre todo, no más industria automovilística digna de ese nombre. Un Barco de Vapor Stanley o un automóvil Modelo-T ocasionales estaría bien, pero el auto-erotismo del cual dependen nidos de ratas como Detroit y Los Ángeles queda fuera del mapa. Con esto, sin haberlo siquiera intentado, hemos resuelto la crisis de energía, la crisis ambiental y un montón de otros problemas sociales insolubles.

Finalmente, debemos deshacernos de la mayor de las ocupaciones, la que tiene el horario más largo, el salario más bajo, y algunas de las tareas más tediosas. Me refiero a las amas de casa y el cuidado de niños. Al abolir el trabajo asalariado y alcanzar el desempleo total, atacamos la división sexual del trabajo. El núcleo familiar como lo conocemos es una adaptación inevitable a la división del trabajo impuesta por el moderno trabajo asalariado. Te guste o no, tal como han sido las cosas durante los últimos cien o doscientos años, es económicamente racional que el hombre traiga el pan a la casa y que la mujer haga el trabajo sucio y le provea de un refugio de paz en un mundo despiadado, y que los niños sean enviados a campos de concentración juveniles llamados «escuelas», principalmente para que no sean una carga tan grande para mamá pero aún sean mantenidos bajo control, pero también para que adquieran los hábitos de obediencia y puntualidad que tanto necesitan los trabajadores. Si deseas deshacerte de la patriarquía, deshazte del núcleo familiar cuyo «trabajo invisible» sin remuneración, como dice Ivan Illich, hace posible el sistema de trabajo que a su vez hace necesario el núcleo familiar. A la lucha anti-armas nucleares está ligada la abolición de la infancia y el cierre de las escuelas. Hay más estudiantes de tiempo completo que trabajadores de tiempo completo en este país. Necesitamos a los niños como maestros, no estudiantes. Tienen mucho que contribuir a la revolución lúdica, porque ellos son mejores en el juego que las personas maduras. Los adultos y los niños no son idénticos, pero se harán iguales a través de la interdependencia. Solo el juego puede cerrar la brecha generacional.

Aún no he mencionado siquiera la posibilidad de recortar el poco trabajo que aún queda por vía de la automatización y la cibernética. Todos los científicos, ingenieros y técnicos, liberados de molestarse en investigación de guerra y obsolecencia programada, se la pasarían en grande inventando medios para eliminar la fatiga, el tedio y el peligro de actividades como la minería. Sin duda hallarán otros proyectos en qué divertirse. Quizás establezcan redes globales de comunicaciones multimedia o colonicen el espacio exterior. Quizás. Personalmente, no soy fanático de los aparatos. No me interesa la idea de vivir en un paraíso donde solo haya que presionar botones. No quiero que robots esclavos hagan todo; quiero hacer las cosas yo mismo. Existe, creo, un lugar para las tecnologías que ahorran trabajo, pero un lugar modesto. El registro histórico y pre-histórico no es esperanzador. Cuando la tecnología productiva pasó de caza-recolección a la agricultura y a la industria, el trabajo se incrementó mientras la especialización y la autodeterminación disminuyeron. La evolución posterior del industrialismo ha acentuado lo que Harry Braverman llamó la degradación del trabajo. Los observadores inteligentes siempre han sido conscientes de esto. John Stuart Mill escribió que todos los inventos para ahorrar trabajo que se han creado no han ahorrado ni un momento de trabajo. Karl Marx escribió que «sería posible escribir una historia de los inventos hechos desde 1830 para el único propósito de proveer al capital con armas contra las revueltas de la clase obrera». Los tecnófilos entusiastas — Saint-Simon, Comte, Lenin, B.F. Skinner — han sido siempre completos autoritarios también; es decir, tecnócratas. Deberíamos ser más que escépticos con las promesas de los místicos de las computadoras. Ellos trabajan como mulas; lo más seguro es que, si se salen con la suya, también el resto de nosotros lo hará. Pero, si tienen alguna contribución particular más subordinada a los propósitos humanos, pues escuchémosles.

Lo que realmente deseo es ver el trabajo convertido en juego. Un primer paso es descartar las nociones de un «empleo» y una «ocupación». Incluso las actividades que ya tienen algún contenido lúdico lo pierden si se reducen a empleos que ciertas personas, y solo esas personas, se ven forzadas a hacer excluyendo cualquier otra cosa. ¿No es raro que los campesinos trabajen dolorosamente en los campos mientras sus amos van a casa cada fin de semana y se ponen a cuidar de sus jardines? Bajo un sistema de festejo permanente, presenciaremos una Edad de Oro de la creatividad que hará pasar vergüenza al Renacimiento. No habrá más empleos, solo cosas que hacer y gente que las haga.

El secreto de convertir el trabajo en juego, como demostró Charles Fourier, es acomodar las actividades útiles para tomar ventaja de lo que sea que diferentes personas disfrutan hacer en momentos diferentes. Para hacer posible que algunas personas hagan las cosas que disfrutan, bastará con erradicar las irracionalidades y distorsiones que afligen esas actividades cuando son convertidas en trabajo. Yo, por ejemplo, disfrutaría enseñando un poco (no demasiado), pero no quiero estudiantes que estén allí a la fuerza, y no me interesa adular a pedantes patéticos para obtener un profesorado.

Segundo, hay cosas que a la gente le gusta hacer de vez en cuando, pero no por demasiado tiempo, y ciertamente no todo el tiempo. Puedes disfrutar haciendo de niñera por algunas horas para compartir la compañía de los niños, pero no por tanto tiempo como sus padres. Los padres, mientras tanto, aprecian profundamente el tiempo que les liberas para sí mismos, aunque les molestaría apartarse de su progenie por mucho tiempo. Estas diferencias entre los individuos son lo que hace posible una vida de juego libre. El mismo principio se aplica a muchas otras áreas de actividad, especialmente las primarias. Así, muchos disfrutan cocinar cuando lo pueden hacer con seriedad, a su modo, pero no cuando solo están recargando cuerpos humanos con combustible para el trabajo.

Tercero — aún sin cambiar todo lo demás — algunas cosas que no son satisfactorias si las haces solo, o en un entorno desagradable, o bajo las órdenes de un supervisor, son agradables, al menos por un tiempo, si esas circunstancias cambian. Esto es cierto probablemente, hasta cierto punto, para todo trabajo. La gente utiliza su ingenio, de otro modo desperdiciado, para convertir las tareas repetitivas menos atrayentes en un juego, lo mejor que pueden. Las actividades que atraen a algunas personas no siempre atraen a todas, pero todo el mundo tiene, al menos en potencia, una variedad de intereses y un interés en la variedad. Como dice el dicho, «cualquier cosa, una vez». Fourier era el maestro en especular cómo a las inclinaciones aberrantes y perversas se les podría dar uso en la sociedad post-civilizada, que él llamaba Armonía. Pensaba que el Emperador Nerón pudo haber sido una buena persona si, de niño, hubiese podido complacer su gusto por la sangre trabajando en un matadero. Los niños pequeños a quienes les encanta revolcarse en la suciedad podrían ser organizados en «Pequeñas Hordas» para limpiar los sanitarios y recoger la basura, otorgando medallas a los que destaquen. No estoy sugiriendo que sigamos estos mismos ejemplos, sino que veamos el principio subyacente, el cual me parece que tiene sentido como una dimensión de una transformación revolucionaria general. Ten en mente que no se trata de tomar el trabajo de hoy tal como lo encontramos y asignarlo a la gente adecuada, ya que algunos de ellos tendrían que ser realmente perversos. Si la tecnología cumple un papel en todo esto, no es tanto para eliminar el trabajo automatizándolo, sino para abrir nuevos espacios para la re/creación. Hasta cierto punto podemos desear regresar a la fabricación a mano, que William Morris consideraba un resultado probable y deseable de una revolución comunista. El arte sería recuperado de las manos de esnobs y coleccionistas, abolido como departamento especializado sirviendo a una audiencia de élite, y sus cualidades de belleza y creación restauradas a la vida misma, de la cual fueron robadas por el trabajo. Da qué pensar el hecho de que las ánforas griegas a las que escribimos odas y guardamos en museos fuesen usadas en su tiempo para guardar aceite de olivo. Dudo que a nuestros artefactos cotidianos les vaya tan bien en el futuro, si es que hay uno. Lo que quiero decir es que no existe tal cosa como el progreso en el mundo del trabajo; más bien es lo opuesto. No deberíamos dudar en saquear el pasado por lo que tiene que ofrecer, los antiguos no pierden nada y nosotros nos enriquecemos.

Reinventar la vida cotidiana significa marchar más allá del borde de nuestros mapas. Es cierto que existe más especulación sugerente de lo que la mayoría de la gente se imagina. Aparte de Fourier y Morris — y hasta una pista, aquí y allá, en Marx — están los escritos de Kropotkin, los sindicalistas Pataud y Pouget, anarco-comunistas de antes (Berkman) y de ahora (Bookchin). La Communitas de los hermanos Goodman es ejemplar porque ilustra qué formas siguen a qué funciones (propósitos), y hay algo que sacar de los heraldos, a menudo borrosos, de la tecnología alternativa/apropiada/intermedia/convivencial, como Schumacher y especialmente Illich, una vez que desconectas sus cortinas de humo. Los situacionistas — tal como son representados por la Revolución de la Vida Cotidiana de Vaneigem y en la Antología de la Internacional Situacionista — son tan despiadadamente lúcidos como para ser estimulantes, aún si nunca llegaron a encajar bien su apoyo a las asociaciones de trabajadores con la abolición del trabajo. Sin embargo, es mejor su incongruencia que cualquier versión actual del izquierdismo, cuyos devotos buscan ser los últimos campeones del trabajo, porque si no hay trabajo no hay trabajadores, y sin trabajadores, ¿A quién organizaría la izquierda?

Así que los abolicionistas tendrían que actuar por su cuenta. Nadie puede decir qué resultaría de liberar el poder creativo aturdido por el trabajo. Cualquier cosa puede pasar. El gastado debate de libertad versus necesidad, que casi suena teológico, se resuelve solo cuando la producción de valores de uso coexista con el consumo de deliciosa actividad lúdica.

La vida se convertirá en un juego, o más bien muchos juegos, pero no — como es ahora — un juego de suma cero. Un encuentro sexual óptimo es el paradigma del juego productivo; los participantes se potencian los placeres el uno al otro, nadie cuenta los puntajes, y todos ganan. Cuanto más das, más recibes. En la vida lúdica, lo mejor del sexo se mezcla con la mejor parte de la vida diaria. El juego generalizado lleva a la libidinización de la vida. El sexo, en cambio, puede volverse menos urgente y desesperado, más juguetón. Si jugamos bien nuestras cartas, podemos sacar más de la vida de lo que metemos en ella; pero solo si jugamos para ganar.

Nadie debería trabajar. Proletarios del mundo… ¡Descansen!

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La dura crítica de una ex-vegana al veganismo y el vegetarianismo

Publicado en 6 junio, 2019

La dura crítica de una ex-vegana al veganismo y el vegetarianismo
Entrevista de Miguel Ayuso

Después de seguir una dieta vegana durante 20 años la salud de Lierre Keith “colapsó catastróficamente”. Fue este problema de salud lo que la llevó a investigar sobre cuál era realmente el motivo para no comer ningún producto de origen animal. Y llegó a la conclusión de que todo lo que daba por cierto no tenía sentido, ni a nivel ecológico ni político.

En El Mito Vegetariano, un ensayo que está levantando polémica allá donde se edita, Keith, que actualmente edita la revista feminista Rain and Thunder, lee la cartilla a la práctica totalidad de la Humanidad pues, en resumen, asegura que llevamos cargándonos el planeta desde hace 10.000 años, cuando inventamos la agricultura. Y dejar de comer animales no va a hacer más que empeorar el problema, pues ni es bueno para la salud, ni para el Medio Ambiente. No es bueno, siquiera, para el conjunto de los animales.

En realidad, el discurso de Keith no es novedoso, y aunque ella ha logrado atarlo de forma encomiable el escenario que pinta es tan incómodo que preferimos ignorarlo. Su postura es radical –por esencial no por extrema–, pero te hace replantearte muchas cuestiones. Y no ha merecido la pena eliminar una sola frase de la conversación que hemos mantenido.

-No sé si eres consciente de que tu libro no complacerá a nadie.

-Sí, soy muy consciente de que este libro enfada a la gente, pero también ayuda a las personas que son veganas y vegetarianas que ya saben que la dieta les está perjudicando, no entienden por qué no funciona y están muy confundidos porque su mundo se está viniendo abajo.

-En el libro planteas un punto esencial en todo el debate sobre el veganismo, y es que la vida es imposible sin la muerte, pero ¿es posible una muerte sin sufrimiento? ¿Es posible comer carne y preocuparse por el bienestar de los animales al mismo tiempo?

-Siempre enfatizo que la ética vegetariana no está en cuestión. Los valores que subyacen al vegetarianismo (justicia, compasión, sostenibilidad) son los únicos valores que nos llevarán al mundo que necesitamos. Los valores no son el problema. El problema es la información que tenemos.Existe una gran negación cultural sobre la naturaleza de la agricultura. La agricultura es lo más destructivo que las personas han hecho en el planeta. Tenemos que entender qué es la agricultura. La agricultura es una guerra contra el planeta. En términos muy brutales, tomas un pedazo de tierra, limpias todo lo que está vivo en él, y me refiero [que eliminas] hasta las bacterias, y luego lo siembras para uso humano. Es una limpieza biótica. Y esto permite que la población humana crezca en proporciones gigantescas, porque en lugar de compartir esa tierra con millones de otras criaturas, solo crecen humanos en ella. Además del hecho de que has desplazado permanentemente a un inmenso número de especies –y cuando digo desplazado, realmente hablamos de extinción–, el otro gran problema es que estamos destruyendo la capa superior del suelo. Y el suelo es la base de la vida; al menos la vida de la tierra. Le debemos toda nuestra existencia a 15 centímetros de tierra vegetal y al hecho de que llueve. Así que ahora mismo, deberías sentir un escalofrío de horror. Porque a excepción de las cuarenta y seis últimas tribus restantes de cazadores-recolectores, la raza humana se ha hecho dependiente de una actividad que está matando al planeta. Esto se debe a que el 80% de las calorías de los alimentos que se usan para apoyar a la población humana actual provienen de la agricultura, de esos monocultivos anuales. Somos dependientes por completo de la destrucción de nuestro planeta. Doscientas especies se están extinguiendo todos los días. El 98 por ciento de los antiguos bosques y el 99 por ciento de los pastizales del mundo desaparecieron, destruidos por la agricultura. Comer una dieta vegana no es sostenible o amable con los animales. La pregunta no es: ¿qué está muerto en mi plato? La pregunta es: ¿qué ha muerto por tener comida en mi plato? En el caso de los alimentos agrícolas, la respuesta es todo.
No hay una opción libre de muerte. Para que algo viva, algo más tiene que morir. La única opción que tenemos es realizar los sacrificios mal o bien. A todas las criaturas les debemos nuestro humilde agradecimiento: las plantas, los animales, el fitoplancton, la bacteria. Todos hacen nuestras vidas posibles. Tenemos el deber de asegurarnos de proteger la red de la vida, y cuando matamos directamente, hacerlo de forma que otros seres sufran lo menos posible.

-Mucha gente que compra carne ecológica cree que esto evita el sufrimiento de los animales, pero ¿no es una especie de autoengaño?

-Hay dos cosas por las que debemos preocuparnos. Una es la vida del animal. ¿Ha podido expresar su naturaleza completa? En otras palabras, ¿es feliz? La segunda es la muerte del animal. ¿Es la muerte lo más rápida e indolora posible? Ambas condiciones se pueden cumplir. Las vacas en pastoreo en una manada natural que cuidan a sus crías hasta que son destetadas naturalmente, por ejemplo. Pollos que tienen una gran cantidad de bosques y prados, y que pueden actuar de acuerdo con su naturaleza. Es muy posible atender completamente las necesidades de los animales. Lo que no es posible es producir alimentos que no impliquen animales muertos. Ahí es donde nos engañamos a nosotros mismos. Y no solo individuos muertos, sino especies enteras y comunidades bióticas enteras: esa es la naturaleza de la agricultura. Es irónico que la gente piense que una dieta vegana es la más pacífica cuando en realidad se basa en la actividad humana más letal.

-Tu libro ataca en gran medida a la agricultura y es posible que, como señalan muchos antropólogos, el estilo de vida sedentario nos haya llevado a trabajar más y a vivir en una sociedad más injusta, pero ¿podríamos vivir de manera diferente hoy en día?

-La agricultura ha destruido el planeta y también ha destruido la cultura humana. Es el comienzo del militarismo y el comienzo de la esclavitud. En los lugares donde comenzó la agricultura, la sociedad humana ha seguido siempre el mismo patrón. Lo llamamos civilización o, por usar una definición realmente básica, “la vida en las ciudades”. La agricultura es lo que hace posible la civilización. Una pista: cuando digo civilización, no es que sea algo bueno. Son personas que viven en asentamientos lo suficientemente grandes como para requerir la importación de recursos. Por definición, han sobrepasado su base terrestre.
La agricultura es esencialmente una guerra contra el mundo natural y es intrínsecamente destructiva. El patrón de la civilización es un centro de poder inflado rodeado de colonias conquistadas, desde donde el centro extrae lo que quiere. Las sociedades agrícolas terminan militarizadas, y siempre lo hacen, por tres razones.
Primero, la agricultura crea un excedente, y el excedente necesita ser protegido. Si se puede almacenar, puede ser robado.
El segundo es el imperialismo. La agricultura es esencialmente una guerra contra el mundo natural y es intrínsecamente destructiva. Eventualmente los agricultores necesitan más tierra, más mantillo y más recursos. La gente no renuncia voluntariamente a su tierra, su agua, su capa vegetal o sus árboles. Entonces, hay toda una clase de personas cuyo trabajo es la guerra, cuyo trabajo es tomar tierras y recursos a la fuerza: la agricultura lo hace posible y también lo hace inevitable. No solo podemos vivir de forma diferente, tenemos que hacerlo si queremos sobrevivir.
Y el número tres: la esclavitud. Algunos de esos recursos son otros seres humanos. La agricultura también es un trabajo agotador. Los cazadores-recolectores solo trabajan unas 17 horas a la semana. Para los agricultores, nunca termina. Para que cualquiera tenga ocio, necesitan esclavos. Hemos perdido la memoria cultural de esto porque hemos estado usando combustible fósil en su lugar. Pero si la energía utilizada por el estadounidense promedio tuviera que ser producida por humanos, necesitaríamos cada uno 300 esclavos. 300. Y, por supuesto, una vez que tengas un gran número de la población en esclavitud, necesitas a alguien para mantenerlos así. Por lo tanto, soldados. Este es un ciclo en el que hemos estado viviendo durante diez mil años.
Para el año 1800, las tres cuartas partes de las personas en este planeta vivían en condiciones de esclavitud, contrato o servidumbre. Así que una y otra vez tienes este ciclo: donde el centro de poder se eleva tienen que salir y obtener más recursos, eventualmente se agotan y luego hay un colapso de la población. Entonces todo vuelve a empezar.
La civilización que conocemos se ha vuelto global debido a los combustibles fósiles. La inevitable caída será catastrófica. Y estamos derribando todo el planeta con nosotros. Me preguntas si podríamos vivir de manera diferente hoy. No solo podemos, tenemos que hacerlo si queremos sobrevivir.

-En tu libro explicas que el pastoreo es la forma más sostenible de ganadería, pero ¿nos permitiría comer a todos? ¿No generaría otros problemas?

-Hay 6 mil millones de personas que están aquí solo debido a los combustibles fósiles. Este no es un plan con futuro. El petróleo se va a acabar. Nada de lo que hacemos es sostenible en nuestros números actuales. No hay forma de que el tipo de reparación que necesita el planeta proporcione alimentos a todos los que están aquí: sobrepasamos su capacidad el primer día que los humanos asumieron la agricultura. Muchos de los argumentos políticos para el vegetarianismo se centran en esta idea de que una dieta vegetariana podría alimentar al mundo. Queremos un mundo justo donde se alimente a todos los niños. Pero nuestra especie sobrepasó su límite hace diez mil años y no se puede hacer. “Los hechos no son derogados por la negativa a enfrentarlos”, escribió Catton. Nosotros –la raza humana– vamos a tener que enfrentar este hecho si tenemos alguna esperanza de trazar el camino hacia la verdadera sostenibilidad sin pisotear los derechos humanos y preservando el orden cívico. La alternativa son escenarios sombríos y desagradables de inanición masiva, plagas, conflictos raciales y tribales, misoginia, fundamentalismo y colapso acelerado del ecosistema.
Si dejamos de tomar lo que no es nuestro, entonces los bosques y las praderas, los humedales y los ríos, regresarían
La verdadera pregunta es: ¿qué métodos de producción de alimentos construyen la capa superior del suelo mientras se usa solo el sol y la lluvia? Porque nada más es sostenible. Usando esos métodos, y solo esos métodos, ¿cuántos humanos puede soportar el planeta? Porque el día en que produzcamos a uno más de nosotros es el día en que debemos avergonzarnos a nosotros mismos como especie. Y ese día sucedió hace 10.000 años.
Necesitamos hablar sobre la población humana. La gente tiene miedo de este tema, pero no es necesario. Treinta y tres países ya tienen un crecimiento poblacional estable o negativo. Se puede hacer. ¿Y cuál es la acción número uno que podemos tomar para reducir la tasa de natalidad? Enseñar a una niña a leer. Eso es. Cuando las niñas y las mujeres tienen incluso más poder sobre sus vidas, eligen tener menos hijos.
Deberíamos preocuparnos por esto de todos modos, porque nos importan los derechos humanos, y las niñas cuentan como humanas. Pero resulta que asegurarse de que las niñas cuenten es la única forma de avanzar. No estamos hablando de las personas contra el planeta. Son las personas más el planeta.
Se podría hacer. No hay obstáculo físico en el camino. No tenemos que violar las leyes de la física o la química. En el transcurso de dos o tres generaciones, podríamos apoyar los derechos humanos para reducir nuestros números a algo sostenible mientras reparamos lo que hemos destruido. Si nos alejamos del camino, si dejamos de tomar lo que no es nuestro, entonces los bosques y las praderas, los humedales y los ríos, regresarían. Porque la vida quiere vivir. Ferozmente, quiere vivir.

-¿Qué piensas de la agricultura ecológica? Como sabes, también existe mucha controversia sobre su utilidad para proteger el medio ambiente y muchos lo consideran menos eficiente, de hecho, que la agricultura convencional.

-Bueno, no creo que la agricultura ecológica frente a la química sea realmente el problema. Creo que la agricultura es el problema ya sea ecológica o no.

-El veganismo generalmente tiene un fuerte contenido político, pero ¿es realmente posible luchar contra el capitalismo al dejar de comer animales?

-No, comer una dieta vegana solo empeorará el problema. Los vegetarianos creen que si todos comiéramos una dieta basada en plantas habría suficiente comida para todos, no tienen conciencia de que la agricultura es la destrucción del mundo. Tampoco entienden que la cantidad de grano que se produce en este momento solo puede ser alcanzada gracias a una reducción tanto del suelo como del combustible fósil. Cuando comes cereales estás comiendo petróleo en rama. Eso ha sido cierto desde la década de 1950, desde la llamada revolución verde.
El cereal no se produce para las vacas de carne, es un excedente que se usa de esa manera porque el precio del grano es muy bajo
El argumento es que todo el grano que se destina a alimentar a las vacas debe ir a alimentar a las personas. Es un argumento simple y puedo entender su atractivo. Lo creí por años. Pero no tiene nada que ver con la realidad. Iowa no está cultivando maíz para que se pueda alimentar a los animales. Los vegetarianos políticos entienden esto al revés: el cereal no se produce para las vacas de carne, es un excedente que se usa de esa manera porque el precio del grano es muy bajo. Y ha sido llevado a un precio tan bajo por las seis corporaciones que esencialmente controlan el suministro mundial de alimentos.
Necesitamos entender esto. Cargill es la tercera empresa privada más grande del planeta. Cargill y Continental representan cada uno el 25 por ciento del comercio de cereales: eso es la mitad entre ellos. Cinco compañías controlan el 75 por ciento del maíz; cuatro poseen el 80 por ciento del procesamiento global de soja.
Reducen los precios por debajo de los costos de producción y los mantienen allí. Tienen un monopolio. Hicieron que el gobierno federal, los contribuyentes de los Estados Unidos, compensaran la diferencia. Los granjeros en los Estados Unidos están atrapados en esta horrible cinta de correr. Con el precio por los suelos tienen que producir más y más y más solo para no perder el control del agua. Todavía no pueden recuperar sus costos de producción debido al monopolio de los cárteles de cereales. El Gobierno dará un puntapié justo para mantener a los agricultores en el negocio. Y luego, al año siguiente, la misma historia es peor, ya que el precio es aún menor debido al excedente del año pasado. Eso es lo que está pasando en el Estados Enidos rural. Eso y muchos suicidios.
Teniendo una economía capitalista alguien descubrió que teniendo el maíz de repente tan barato, se podía alimentar a animales confinados y producir carne realmente barata. No importaba qué se les hiciera a los animales o al medioambiente.
El cereal estadounidense está causando hambruna en todo el mundo
Las vacas no están destinadas a comer maíz. Las mata. Unos pocos meses en una unidad de engorde es todo lo que pueden aguantar. Están diseñadas para la celulosa, para comer hierba, no maíz. La ganadería industrial comenzó en la década de 1950, no existía antes porque no tenía sentido económico. Lo que impulsó la ganadería industrial fue la revolución verde. Había una montaña de cereal excedente y no había lugar donde colocarla. Necesitamos detener la ganadería industrial. Cualquiera con pulso, no importa su conciencia, debería estar de acuerdo. Pero no impedirá que un solo agricultor deje de producir maíz en exceso. Hemos entendido esto al revés durante 30 años. Esta parte del mito vegetariano no tiene relación con la realidad.
Y creo que la razón es porque ninguno de nosotros pertenece al mundo rural. La realidad de los agricultores tiene tanto que ver con nuestras vidas como el lado oscuro de la luna. Pero tenemos que entender lo que el poder corporativo le ha hecho a nuestra comida, nuestra salud, nuestra economía, nuestro gobierno y nuestro planeta. La otra cosa que debemos entender es que el cereal estadounidense está causando hambruna en todo el mundo. No está ayudando. La agricultura industrial crea esos rendimientos industriales. Esos superávits son luego arrojados a los países pobres, destruyendo sus economías de subsistencia locales, expulsando a los agricultores de sus tierras y convirtiéndolas en la miseria urbana. Puede parecer contradictorio, pero el último lugar para poner comida barata es cerca de personas con hambre crónica. El grano estadounidense está causando inanición, no aliviándola.
Si te importa el hambre en el mundo y compras una hamburguesa de soja, estás dando dinero exactamente a las personas que son en gran parte responsables del problema
Según Oxfam, “los exportadores pueden ofrecer excedentes de los EEUU a la venta a precios de alrededor de la mitad del costo de producción; destruyendo la agricultura local y creando un mercado cautivo en el proceso. Este ciclo de control corporativo, sobreoferta y dumping conduce a la destrucción de las economías locales de subsistencia. “Socava los medios de subsistencia del 70 por ciento de las personas más pobres del mundo”.
Esto no es una solución al hambre en el mundo. De hecho, condena a las naciones pobres a participar en una economía de mercado donde tienen que producir materias primas, como madera y metales, o bienes de consumo baratos como zapatillas de deporte o chips de ordenador para las naciones ricas. Con los centavos que reciben a cambio, luego tienen que comprar comida de las mismas naciones ricas. Este es un arreglo destructivo, inhumano y opresivo. Tengo que creer que los vegetarianos a los que le preocupa la política no lo han pensado bien.
Quiero que comprendamos esto porque si te importa el hambre en el mundo y compras una hamburguesa de soja, estás dando dinero exactamente a las personas que son en gran parte responsables del problema.

-En el libro dices que ser vegana te ha causado grandes problemas de salud. Muchos nutricionistas argumentan, sin embargo, que es posible seguir una dieta vegetariana saludable y, por supuesto, los veganos piensan que es más saludable no comer carne. ¿Puede ser realmente peligroso?

-Sí, es peligroso. Hay bebés que han muerto porque sus padres veganos se negaron a escuchar la ciencia. Esto es muy serio.
Lo primero que sucede cuando las personas se dedican a la agricultura es que se encogen quince centímetros y se les caen los dientes. Las dietas vegetarianas tienen dos problemas: uno de exceso y otro de deficiencia. Estas dietas contienen demasiados carbohidratos y demasiados ácidos grasos Omega-6. El cuerpo humano nunca estuvo hecho para manejar tanta cantidad de azúcar, y los Omega-6 producen inflamación en todo el cuerpo. Esos dos problemas son en gran parte responsables de los problemas de salud asociados universalmente con los pueblos agrícolas. Tenemos un concepto para esto: las Enfermedades de la Civilización. Cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades autoinmunes, toda la cohorte de condiciones degenerativas y crónicas que asumimos que son normales. Estas enfermedades son desconocidas entre las poblaciones de cazadores-recolectores, tanto históricas como actuales. Un arqueólogo puede ver a simple vista si un hueso es de un granjero o un cazador. Los huesos del cazador son largos, fuertes y libres de enfermedades. Los huesos del agricultor son cortos, frágiles y plagados de enfermedades. Lo primero que sucede cuando las personas se dedican a la agricultura es que se encogen quince centímetros y se les caen los dientes. Esto es universal.
Para los agricultores, los carbohidratos del grano reemplazan los productos de origen animal. Las deficiencias que resultan son numerosas: proteínas, grasas, vitaminas liposolubles como las vitaminas A y D, las vitaminas B, el hierro hemo. Todos estos nutrientes son esenciales para la reparación y el mantenimiento del cuerpo humano.

-Siendo realistas, ¿siempre es posible saber de dónde viene la comida? ¿Podemos realmente generar nuestra propia comida?

Todo es posible. En las últimas dos generaciones, el control corporativo del suministro de alimentos ha forzado la migración masiva a las ciudades. La población rural ha perdido el control de la tierra y ha tenido que abandonar su modo de vida. Hay profundas injusticias aquí. Podemos revertir eso. Pero la gente tiene que entender los mecanismos que han creado esta situación. Muchas personas están despertando. Donde vivo, en los EEUU, hay un próspero movimiento de alimentación local que comprende los temas entrelazados de la nutrición humana, las economías locales, el bienestar animal y el calentamiento global. ¡Con suerte, podemos correr la voz! Saber que tu comida está reparando tu cuerpo, el suelo, la comunidad biótica y las conexiones entre humanos es algo maravilloso. La gente está hambrienta de este conocimiento y del mundo mejor que nos espera.

Original en http://www.directoalpaladar.com

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La desintegración del amor en la sociedad occidental

Publicado el 17 de junio de 2019
(Fragmento de El Arte de Amar, de Erich Fromm)

Si el amor es una capacidad del carácter maduro, productivo, de ello se sigue que la capacidad de amar de un individuo perteneciente a cualquier cultura dada depende de la influencia que esa cultura ejerce sobre el carácter de la persona media. Al hablar del amor en la cultura occidental contemporánea, entendemos preguntar si la estructura social de la civilización occidental y el espíritu que de ella resulta llevan al desarrollo del amor. Plantear tal interrogante es contestarlo negativamente. Ningún observador objetivo de nuestra vida occidental puede dudar de que el amor -fraterno, materno y erótico- es un fenómeno relativamente raro, y que en su lugar hay cierto número de formas de pseudoamor, que son, en realidad, otras tantas formas de la desintegración del amor.

La sociedad capitalista se basa en el principio de libertad política, por un lado, y del mercado como regulador de todas las relaciones económicas, y por lo tanto, sociales, por el otro. El mercado de productos determina las condiciones que rigen el intercambio de mercancías, y el mercado del trabajo regula la adquisición y venta de la mano de obra. Tanto las cosas útiles como la energía y la habilidad humanas se transforman en artículos que se intercambian sin utilizar la fuerza y sin fraude en las condiciones del mercado. Los zapatos, por útiles y necesarios que sean, carecen de valor económico (valor de intercambio) si no hay demanda de ellos en el mercado; la energía y la habilidad humanas no tienen valor de intercambio si no existe demanda en las condiciones existentes en el mercado. El poseedor de capital puede comprar mano de obra y hacerla trabajar para la provechosa inversión de su capital. El poseedor de mano de obra debe venderla a los capitalistas según las condiciones existentes en el mercado, o pasará hambre. Tal estructura económica se refleja en una jerarquía de valores. El capital domina al trabajo; las cosas acumuladas, lo que está muerto, tiene más valor que el trabajo, los poderes humanos, lo que está vivo.

Tal ha sido la estructura básica del capitalismo desde sus comienzos. Y si bien caracteriza todavía al capitalismo moderno, se han modificado ciertos factores que dan al capitalismo contemporáneo sus cualidades específicas y ejercen una honda influencia sobre la estructura caracterológica del hombre moderno. Como resultado del desarrollo del capitalismo, presenciamos un proceso siempre creciente de centralización y concentración del capital. Las grandes empresas se expanden continuamente, mientras las pequeñas se asfixian. La posesión del capital invertido en tales empresas está cada vez más separada de la función de administrarlas. Cientos de miles de accionistas “poseen” la empresa; una burocracia administrativa bien pagada, pero que no posee la empresa, la maneja. Esa burocracia está menos interesada en obtener beneficios máximos que en la expansión de la empresa, y en su propio poder. La concentración creciente de capital y el surgimiento de una poderosa burocracia administrativa corren parejas con el desarrollo del movimiento laboral. A través de la sindicalización del trabajo, el trabajador individual no tiene que comerciar por y para sí mismo en el mercado laboral; pertenece a grandes sindicatos, dirigidos también por una poderosa burocracia que lo representa ante los colosos industriales. La iniciativa ha pasado, para bien o para mal, del individuo a la burocracia, tanto en lo que respecta al capital como al trabajo. Un número cada vez mayor de individuos deja de ser independiente y comienza a depender de quienes dirigen los grandes imperios económicos.

Otro rasgo decisivo que resulta de esa concentración del capital, y característico del capitalismo moderno, es la forma específica de la organización del trabajo. Empresas sumamente centralizadas con una división radical del trabajo conducen a una organización donde el trabajador pierde su individualidad, en la que se convierte en un engranaje no indispensable de la máquina. El problema humano del capitalismo moderno puede formularse de la siguiente manera:

El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral -dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social-; a los que se pueda guiar sin recurrir a la fuerza, conducir, sin líderes, impulsar sin finalidad alguna -excepto la de cumplir, apresurarse, funcionar, seguir adelante-.

¿Cuál es el resultado? El hombre moderno está enajenado de sí mismo, de sus semejantes y de la naturaleza. Se ha transformado en un articulo, experimenta sus fuerzas vitales como una inversión que debe producirle el máximo de beneficios posible en las condiciones imperantes en el mercado. Las relaciones humanas son esencialmente las de autómatas enajenados, en las que cada uno basa su seguridad en mantenerse cerca del rebaño y en no diferir en el pensamiento, el sentimiento o la acción. Al mismo tiempo que todos tratan de estar tan cerca de los demás como sea posible, todos permanecen tremendamente solos, invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad, de angustia y de culpa que surge siempre que es imposible superar la separatidad humana. Nuestra civilización ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina del trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. El hombre moderno está actualmente muy cerca de la imagen que Huxley describe en Un mundo feliz: bien alimentado, bien vestido, sexualmente satisfecho, y no obstante sin yo, sin contacto alguno, salvo el más superficial, con sus semejantes, guiado por los lemas que Huxley formula tan sucintamente, tales como: “Cuando el individuo siente, la comunidad tambalea”; o “Nunca dejes para mañana la diversión que puedes conseguir hoy”, o, como afirmación final: “Todo el mundo es feliz hoy en día.” La felicidad del hombre moderno consiste en “divertirse”. Divertirse significa la satisfacción de consumir y asimilar artículos, espectáculos, comida, bebidas, cigarrillos, gente, conferencias, libros, películas; todo se consume, se traga. El mundo es un enorme objeto de nuestro apetito, una gran manzana, una gran botella, un enorme pecho; todos succionamos, los eternamente expectantes, los esperanzados -y los eternamente desilusionados-. Nuestro carácter está equipado para intercambiar y recibir, para traficar y consumir; todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo.

La situación en lo que atañe al amor corresponde, inevitablemente, al carácter social del hombre moderno. Los autómatas no pueden amar, pueden intercambiar su “bagaje de personalidad” y confiar en que la transacción sea equitativa. Una de las expresiones más significativas del amor, y en especial del matrimonio con esa estructura enajenada, es la idea del “equipo”. En innumerables artículos sobre el matrimonio feliz, el ideal descrito es el de un equipo que funciona sin dificultades. Tal descripción no difiere demasiado de la idea de un empleado que trabaja sin inconvenientes; debe ser “razonablemente independiente”, cooperativo, tolerante, y al mismo tiempo ambicioso y agresivo. Así, el consejero matrimonial nos dice que el marido debe “comprender” a su mujer y ayudarla. Debe comentar favorablemente su nuevo vestido, y un plato sabroso. Ella, a su vez, debe mostrarse comprensiva cuando él llega a su hogar fatigado y de mal humor, debe escuchar atentamente sus comentarios sobre sus problemas en el trabajo, no debe mostrarse enojada sino comprensiva cuando él olvida su cumpleaños. Ese tipo de relaciones no significa otra cosa que una relación bien aceitada entre dos personas que siguen siendo extrañas toda su vida, que nunca logran una “relación central”, sino que se tratan con cortesía y se esfuerzan por hacer que el otro se sienta mejor.

En ese concepto del amor y el matrimonio, lo más importante es encontrar un refugio de la sensación de soledad que, de otro modo, sería intolerable. En el “amor” se encuentra, al fin, un remedio para la soledad. Se establece una alianza de dos contra el mundo, y se confunde ese egoísmo á deux con amor e intimidad.

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El lado más oscuro del capitalismo

Publicado en 12 septiembre, 2019 por GEORGE SCIALABBA – El lado (más) oscuro del capitalismo.
El poder de las mafias, la desregulación financiera y los abusos en internet son ejemplos de cómo un sistema salvaje amenaza nuestro futuro.
Son tiempos oscuros para la república [estadounidense], concuerdan en decir todas las personas de derechas. Desafortunadamente, la mayoría de las personas de derechas no saben de la misa la media. Estamos comprensiblemente obsesionados con el hecho de que un cazurro vengativo y mezquino tenga un dedo en el botón nuclear y poder de veto sobre importantes esfuerzos para prevenir una catástrofe climática mundial. Eso es perturbador, lo reconozco, pero el elefante en la cacharrería y sus facilitadores republicanos son al menos un mal conocido. Sus expolios se llevan a cabo a plena luz del día, podemos cuantificar el daño que provocan y sabemos (en teoría) cómo frenarlos.
Mucho más insidiosos son los efectos sistémicos de un conjunto de nuevas prácticas (algunas legales, otras no) alejadas del escrutinio público. El equipo político de demolición que nos gobierna está desgarrando el tejido de nuestra economía y sociedad desde fuera. Estos nuevos depredadores, de los que se habla en tres recientes libros, están consumiéndolo desde dentro.
El libro que más te abre los ojos (hasta casi hacerlos salir de las órbitas) es Dark Commerce. How a New Illicit Economy Is Threatening Our Future [El comercio oscuro: cómo una nueva economía ilícita amenaza nuestro futuro], de Louise Shelley, una profesora de la Universidad George Mason y sin duda la decana de los estudios ilícitos, si tal disciplina existe. (Y si no, claramente debería existir). A los lectores que todavía no conozcan uno de los libros clásicos sobre este tema, como por ejemplo McMafia de Misha Glenny o Ilícito de Moisés Naím, o cualquiera de los anteriores libros de Shelley, podría resultarles sorprendente enterarse de lo profunda y extensa que es la ilegalidad económica contemporánea.
Las cantidades de las que hablamos son desorbitadas:
– El ingreso anual que se calcula que generan todos los tipos de delincuencia transnacional oscila entre 1,6 y 2,2 billones de dólares, más o menos el 7% del comercio mundial, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y la Delincuencia.
– El ingreso anual que se calcula que genera la venta de drogas ilegales: 320 mil millones de dólares.
– Las ventas anuales de productos falsificados o pirateados (por ejemplo, ventas online de fármacos ‘rebajados’): 461 mil millones de dólares.
– La tala y exportación ilegal de madera: entre 30 mil y 100 mil millones de dólares.
– El comercio ilegal de pescado, especies silvestres, minerales y residuos: entre 91 mil y 258 mil millones de dólares.
– Fármacos desviados y de baja calidad: 75 mil millones de dólares.
– Minería ilegal: entre 12 mil y 48 mil millones de dólares.
– Contrabando de tabaco: entre 8.700 y 11.800 millones de dólares.
Estas son las fuentes de ingresos más lucrativas, pero algunas otras actividades ilegales no son menos peligrosas o despreciables. La venta de armas de pequeño calibre y ligeras (1.700–3.500 millones de dólares) generan beneficios para grupos como las FARC, Los Zetas, ISIS, Al-Nusra y Al-Shabaab, que son tanto clientes como proveedores de este vasto mercado. Los componentes de las armas de destrucción masiva se venden en la dark web, una red informática inmensa y secreta a la que solo se puede acceder mediante un software especial que otorga anonimato. Los países menos desarrollados o asolados por los conflictos también sufren el saqueo de antigüedades por la bonita suma de unos 1.500 millones de dólares cada año.
Y luego está el tráfico de personas, que existe en diferentes formatos. Está el tráfico de órganos, por un valor aproximado de 1.000 millones al año. El tráfico de refugiados y de trabajadores forzosos o en condiciones de servidumbre produjo entre 4.700 y 5.700 millones de euros en Europa solo en 2015. Se trafica con mujeres tanto para la prostitución como para el matrimonio forzoso. Shelley no aporta un cálculo numérico para cuantificar el tráfico de mujeres, pero sí señala que la Organización Mundial del Trabajo calcula que 25 millones de personas sufren una u otra forma de trabajo forzoso.
Las cifras de facturación no son las únicas estadísticas sorprendentes de El comercio oscuro. La internet oscura, escribe Shelley, es “quinientas veces más grande que la internet superficial”. ¿Es eso cierto? Pues ahí no se queda la cosa. Cuatro de cada cinco visitas a la internet oscura “fueron hacia destinos online con material pedófilo”. ¡Caray! Si la internet oscura es quinientas veces más grande que la internet iluminada y si un 80% de los visitantes buscan pornografía infantil, ¿qué nos dice eso sobre la humanidad? Pues parece decirnos que somos una especie muy retorcida y que quizá deberíamos rendirnos ante el calentamiento global y esperar que lo que se salga del océano de aquí a varios millones de años tenga unos valores morales mejores que los nuestros.
El mundo no basta: Shelley es una experta en el comercio internacional de cuernos de rinoceronte, al que consagra un capítulo de su libro. Hace un siglo había un millón de rinocerontes negros en África, pero hoy en día quedan solo 5.000 (una disminución del 99,5 %). La extinción es probable, y esta es una calamidad que no se puede achacar al calentamiento global. Los millonarios chinos y vietnamitas constituyen el grueso de la demanda; valoran los cuernos de rinoceronte como símbolo de posición social, por sus supuestos efectos medicinales y, cada vez más, a medida que se avecina la extinción, como inversión. Una oferta reducida ha hecho que el precio ascienda hasta los 60.000 dólares el kilo. Por lo general, los clientes efectúan un pedido a los grupos criminales organizados de Asia, y estos contactan a sus homólogos en el sur de África. Se contrata a personas desempleadas, se las equipa y se las envía para que maten a los animales y les corten los cuernos. Luego, los cuernos se trasladan a Asia con la colaboración de aduanas, transportes, policías y agentes de seguridad, corruptos todos ellos, y en algunos casos, marchantes de arte y casas de subastas. Hacen falta muchas manos para acabar con una especie.
Echaremos de menos al rinoceronte, al menos durante un tiempo (somos una especie bastante desconsiderada y pronto tendremos otras preocupaciones existenciales). En cualquier caso, por muy valiosos que sean, ninguna especie puede competir en valor (ya sea biológico o económico) con las selvas tropicales del mundo, que estabilizan el clima del planeta y contienen una gran parte de la biodiversidad. Una de las selvas tropicales más ricas de la tierra (“puede que el ecosistema más rico del mundo”, según Shelley) solía estar en Sarawak (Malasia). Desde 1981 en adelante, el jefe del gobierno taló y vendió cuatro quintas partes del mismo, y se metió 15.000 millones de dólares en su bolsillo, en el de su familia y en el de sus compinches. Contó con la ayuda de un crédito de 800 millones de dólares de Goldman Sachs y con la de numerosas instituciones financieras adicionales, que no tuvieron problema en ayudarle a esconder las ganancias. (Igual que muchos otros delincuentes millonarios, también él se metió en el negocio inmobiliario. Compró un edificio en el centro de Seattle, en el que más tarde el FBI ubicó su cuartel general del noroeste de EE.UU. y del que rechazó mudarse cuando se le comunicó a quién pertenecía; otro fantástico ejemplo más de la destreza investigativa de la Oficina y de su integridad a prueba de bombas).
No contentos con destruir el medio ambiente, los criminales están saboteando los esfuerzos por salvarlo. La Comisión Europea tiene una política de “fijación previa de límites máximos” con respecto a los créditos de emisión de carbono, que las empresas con bajas emisiones de carbono pueden vender a las empresas contaminadoras.[1] Los hackers irrumpieron en el registro de carbono de la CE para robar créditos, y luego los vendieron por valor de 6.500 millones de dólares, además de obtener rebajas del IVA por algo que ni siquiera habían pagado. Más aún, “Interpol cree que el mercado de carbono valorado en 176.000 millones de dólares es vulnerable a otros tipos de intrusión criminal, como por ejemplo el fraude de valores, la manipulación de precios entre empresas vinculadas y la venta de créditos de carbono inexistentes”.
Todo lo relacionado con la internet oscura da escalofríos. Aunque haya actividades legítimas que sucedan allí (si es que se desarrolla alguna), parece ser principalmente un supermercado de narcóticos, pornografía infantil, tráfico de personas, armas y programas maliciosos. La legendaria web oscura Silk Road [La ruta de la seda] procesa 600.000 mensajes al mes, lo que se traduce en un número desconocido de pedidos, y en sus dos años de funcionamiento facilitó la venta de 1.200 millones de dólares en drogas, armas y programas maliciosos, que se pagaron utilizando bitcoins. En particular, los programas maliciosos son un mercado en crecimiento. Cada año, se roba medio millón de registros y hace cinco años la increíble cantidad de uno de cada diez estadounidenses de más de 16 años había sido víctima del robo de identidad. Antes de ser desmantelada en 2016, se calculaba que la red de cibercrimen Avalanche estaba detrás de programas maliciosos que infectaban a medio millón de ordenadores cada día. Vienen a por ti y a por mí, de eso no cabe duda; si no lo han hecho ya, claro está.
Las instituciones financieras desempeñan un papel muy importante en el comercio oscuro. Todo ese dinero sucio tiene que ser blanqueado y muchos bancos participan de la diversión; cuatro grandes bancos (Citibank, HSBC, Wachovia y Deutsche Bank) recibieron cuantiosas multas por este motivo. Western Union es una importante correa de transmisión del dinero de la droga entre México y Estados Unidos y de ganancias del tráfico sexual entre Europa Occidental y Europa del Este. Una investigación sobre 55 países en desarrollo descubrió que los flujos financieros ilícitos equivalían a casi un 4% de todo su PIB combinado en 2011. Los bienes raíces son un medio muy conocido: un estudio realizado en seis localidades de Estados Unidos concluyó que la gente que había estado bajo el escrutinio de la policía había tramitado, de manera directa o indirecta, un 30% de las compras inmobiliarias. El lavado de dinero mediante “operaciones comerciales” es habitual: mercancías (coches, lavadoras, etc.) se compran con dinero negro y se envían a otro país, allí se venden y los beneficios que se obtienen ya son dinero limpio. El cambio de divisas también tiene lugar en la internet oscura, y de las criptomonedas se dice a veces que son el futuro del lavado de dinero. Los libertarios que idearon las criptomonedas querían librarse de los gobiernos. Ahora parece que su mayor logro terminará siendo liberar a los criminales de los gobiernos.
De todos modos, seguro que se está llevando a cabo una campaña de seguridad pública inmensa y coordinada en nuestro nombre, ¿no? ¿Qué tal le está yendo? Pésimamente. “Ninguna de las categorías criminales ha dado muestras de un marcado descenso” en la economía oscura mundial, reconoce Shelley (aparte del comercio ilegal de clorofluorocarbonos). En parte, esto se debe a que hay mucho personal de seguridad pública que está en nómina o que ha sido intimidado, pero también a que la lucha contra la delincuencia requiere una gran cantidad de recursos y la fuente principal de ingresos para los gobiernos son los impuestos. En la actualidad, los ricos evaden el pago de impuestos a escala épica: los infractores corporativos estadounidenses tienen por sí solos 2,1 billones de dólares alojados en paraísos fiscales. Los millonarios de otros países son, sin duda, igual de reacios a pagar impuestos. Los conservadores, que siempre se muestran débiles a la hora de perseguir los delitos graves, aunque hagan mucho ruido a la hora de condenar los delitos menores, obviamente no van a darse cuenta de que las fuerzas de seguridad pública no tienen el dinero que necesitan para atrapar a los peces gordos, ni tampoco suscriben las otras propuestas de Shelley: “un Plan Marshall moderno… para garantizar que todo el mundo tiene oportunidades laborales legítimas en sus países de origen”, lo que serviría para disminuir el número de desesperados del que los criminales emprendedores habitualmente reclutan a sus soldados de a pie; y un mejor acceso a la asistencia sanitaria para frenar la demanda de fármacos ilegales de aquellos que no pueden permitirse los productos de las grandes empresas farmacéuticas. Dios nos libre de interferir de tal modo con el libre mercado.
Los sospechosos habituales
A pesar de su letalidad, casi todos los tipos de crimen económico conllevan al menos un intercambio de algún tipo y son por tanto fáciles de entender. Lo que pasa en Wall Street en la actualidad es una cosa completamente diferente. A lo largo de las dos últimas décadas, de acuerdo con el economista de Oxford Walter Mattli, los mercados de capital mundiales se han vuelto oscuros. Eso es malo hasta para aquellos de nosotros que tenemos poco o ningún capital.
En su libro Darkness by Design: The Hidden Power in Global Capital Markets [Oscuridad intencionada: el poder escondido en los mercados de capital mundiales], Mattli consigue la difícil tarea de hacer que hasta los que no son ricos echen de menos la antigua bolsa de Nueva York. Durante dos siglos, la bolsa de Nueva York fue la mejor opción de la ciudad y después del país. La estructura era bastante democrática: las empresas bursátiles eran relativamente pequeñas y tenían igualdad de votos en el órgano directivo de la bolsa. Tener una reputación íntegra era indispensable para una firma comercial pública y, además de eso, los antiguos miembros de la burguesía parecían contar con un abundante y caduco espíritu cívico. (Intenten imaginarse a Robert Rubin, Jamie Dimon, Lloyd Blankfein y el resto de los tiburones y comadrejas actuales con esa cualidad). Por eso invertían las ganancias de la Bolsa en una buena gestión pública, en recopilar datos y en monitorear las transacciones. El fraude era raro, por lo general se detectaba y se castigaba con severidad. En consecuencia, la bolsa cumplía su cometido con creces: recaudar capital para las nuevas empresas y disciplinar o recompensar a las empresas existentes.
En la década de 1960, la revolución informática comenzó a llegar a Wall Street. Primero se automatizaron las tareas administrativas y luego las operaciones bursátiles en sí. Los ordenadores, servidores, software y personal informático que hacían falta eran caros, y esto otorgaba una ventaja a los principales actores: los bancos de inversión y las corredurías bursátiles. Estas últimas iniciaron una fase de fusiones y adquisiciones compulsivas que dejaron al sector bursátil y a la Bolsa en manos de un reducido número de empresas gigantescas.
Estas empresas (Goldman Sachs, Citigroup, Morgan Stanley, UBS y otras) ya no dependían de la Bolsa para poner en contacto a compradores con vendedores, ni para proporcionar liquidez (una serie de fondos acumulados que permitían procesar los pedidos de manera fluida). El único obstáculo que había para las actividades más rentables (los mercados internos u “oscuros”, las operaciones bursátiles en grandes bloques y las operaciones bursátiles de alta velocidad) era la supervisión que llevaba a cabo la Bolsa de Nueva York. Por eso hicieron lo que siempre han hecho los amos del universo de Wall Street: cabildearon con éxito para que el gobierno tomara medidas en favor de sus intereses comerciales y lo presentaron como si fuera una obediencia inevitable a los imperativos de eficacia, progreso y modernización. En 2005, la Comisión de Valores y Bolsa (SEC por sus siglas en inglés) promulgó una serie de normas para reestructurar radicalmente la Bolsa de Nueva York según los términos que exigían las grandes empresas. Al año siguiente la antigua Bolsa de Nueva York pasó en la práctica a mejor vida.
¿Por qué debería importarnos esto? ¿Acaso no se trata de un ejemplo de gánsteres capitalistas tendiéndose una emboscada los unos a los otros? ¿De depredadores sucumbiendo ante superdepredarores? Sí y no. La Bolsa de Nueva York no está compuesta de Daniel Berrigans y Dorothy Days [activistas sociales vinculados a la Iglesia católica], eso es cierto; pero la mayoría de la actividad que tenía lugar allí estaba de alguna forma relacionada con el mundo real de la producción. Gracias a las extraordinarias velocidades que propiciaron los retransmisores de microondas (que en algunos casos alcanzan la velocidad de la luz) el volumen de operaciones bursátiles se ha multiplicado por mil y en su mayor parte son operaciones de arbitraje.
Las operaciones de arbitraje (transacciones trepidantes que aprovechan fluctuaciones minúsculas o temporales en el precio de las acciones) son socialmente inútiles. La defensa convencional de esta práctica sostiene que el arbitraje promueve una determinación eficaz del precio. Mentira y, además, las mismas grandes empresas que dicen que es verdad están también obstaculizando una herramienta verdaderamente útil para determinar el precio: el inversor informado. A menudo, los individuos o gerentes de fondos de pensiones y fondos comunes de inversión investigan en profundidad a las empresas y toman así sus decisiones de inversión. Los operadores de alta velocidad tienen acceso preferencial a información bursátil y cuando se enteran de órdenes institucionales de gran volumen pueden adelantarse (eso se llama “anticiparse a la orden”, que es la versión moderna de la ilegalizada práctica de “inversión ventajista”) y comprar o vender antes de que se emita la orden, lo que cambia el precio y les hace ganar (si esa es la palabra correcta) un pequeño beneficio. Cuando se realiza millones de veces, no solo roba mucho dinero de los fondos de pensiones y comunes (vamos, de ti y de mí), sino que también desincentiva la investigación en profundidad sobre las empresas, que es lo que de verdad mantiene la precisión en los precios de las acciones.
La fragmentación de las bolsas ha propiciado un cambio radical en el equilibrio de poder entre las grandes empresas y las bolsas que son, en teoría, las responsables de fijar las reglas según las cuales operan las primeras. En realidad, ahora las bolsas dependen completamente de las empresas, que han conseguido tantas concesiones y privilegios especiales que ya no existe ninguna pretensión de igualdad en el tratamiento que se da a los grandes y a los pequeños inversores. La oscuridad intencionada contiene numerosos ejemplos de ese tratamiento especial: suministro preferencial de datos, ‘colocar’ los servidores de clientes importantes en el parqué de operaciones, quote stuffing [una estrategia con la que se ralentiza intencionadamente el sistema inundandolo de un gran número de órdenes y cancelaciones en cuestión de microsegundos, spoofing [la introducción una orden de compra o venta que no se pretende llevar a cabo para incitar a otros participantes a invertir] y cientos de Clases Especiales de Órdenes (SOTs por sus siglas en inglés), algunas de las cuales están diseñadas por las grandes empresas y todas ellas son, básicamente, fraudes. No llegué a entender completamente todas las descripciones que hace Mattli sobre cómo funciona este nuevo modelo de operaciones bursátiles, así que me consoló leer que “un regulador jubilado con un reconocido historial de 15 años al mando de dos importantes organizaciones de regulación financiera me confesó hace poco que ya no entendía cómo funcionaban en realidad estos complejos mercados de capital”.
La consecuencia última de la fragmentación son las “plataformas oscuras” (mercados privados que no ofrecen información previa a la negociación sobre precios ni volúmenes de las órdenes). Estas plataformas, cuya intención original era prevenir la inversión ventajista, han sido diseñadas, en cambio, para facilitarla, mediante la connivencia entre sus administradores y los operadores de alta frecuencia que participan en ellas.
Mattli ofrece sus recomendaciones utilizando el enérgico tono cargado de sentido común del profesor de Oxford: ¡Hágase la luz sobre los inversores! O, de forma más prosaica, hágase que el Congreso y la Comisión de Valores y Bolsa realicen sus trabajos. Desafortunadamente, como reconoce en ocasiones, ninguno de ellos quieren hacer su trabajo. El lobby bancario está muy organizado y (sobra decirlo) bien financiado; Mattli cita a un observador de Wall Street de la década de 1970: “Los bancos… ya tienen más poder que el Congreso”. A estas alturas, la contienda ya ni existe. Y la SEC está en un lado de la puerta giratoria, en cuyo otro extremo se encuentran los grandes bancos y las corredurías bursátiles (en las que, según se dice, alguien con la actitud correcta puede ganar muchísimo dinero). Lo mismo vale rezar para que llueva en el Sáhara que para que se haga la luz sobre Wall Street.
Tras una larga lista de terrores desconocidos, casi supone un alivio regresar a otros con los que estamos más familiarizados: los problemas y dilemas de nuestro futuro digital. Hoy en día, el presente digital ya da bastante miedo, como deja patente James Bridle en New Dark Age: Technology and the End of the Future [La nueva edad de las tinieblas: la tecnología y el fin del futuro]. El libro es un agudo e informativo paseo por diez temas (ligeramente) relacionados entre sí (todos los cuales, en una encantadora muestra de vanidad, comienzan por la letra c). No existe una tesis central en la obra de Bridle, pero hay gran cantidad de información y reflexión sobre los métodos informáticos que rigen la investigación farmacéutica y sobre la fusión nuclear; sobre la curva Keeling, una gráfica que muestra la siempre creciente concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, y su relación inversa con la capacidad cognitiva humana; sobre DeepDream, un programa que ceba imágenes a unas redes neuronales y genera unos resultados sorprendentes; y sobre otros temas. Bridle se muestra sucesivamente entretenido, sorprendido o indignado, que es la manera perfecta de abordar el fenómeno devora-futuros que describe.
La prosa de Bridle puede ser lírica y amenazante al mismo tiempo. Por ejemplo:
“En algún lugar entre los yihadistas y los estrategas militares, entre la guerra y la paz, entre el negro y el blanco, se encuentra la zona gris en la que habitamos la mayoría de nosotros hoy en día. La zona gris es el mejor descriptor para un entorno inundado de hechos imposibles de demostrar y falsedades demostrables que, sin embargo, nos acosan, como si fueran zombis, mediante conversaciones, engatusamientos y persuasiones. La zona gris es el terreno resbaladizo y casi inasible en el que nos encontramos ahora mismo como consecuencia de nuestras muy extendidas herramientas tecnológicas para generar conocimiento. Es un mundo de cognoscibilidad limitada y de dudas existenciales, que es igual de terrible tanto para el extremista como para los que creen en las teorías de la conspiración. En este mundo nos vemos obligados a reconocer el limitado alcance del cálculo empírico y el escaso beneficio que ofrecen los abrumadores flujos de información”.
Directo al vídeo
El gran logro de La nueva edad de las tinieblas es un capítulo, más inquietante que nada de lo que haya leído nunca, sobre la programación infantil de YouTube. Un inmenso archipiélago de vídeos, algunos elaborados por humanos y otros por bots informáticos, compiten por el número de visitas de los niños, lo que significa, en primer lugar, que hay que atraer la atención de los algoritmos de recomendación de YouTube. A menos que tenga la suerte de que una masa crítica de niños lo encuentre y lo recomiende, la forma más segura de atraer la atención de YouTube es incluir en el título de tu vídeo el nombre de un vídeo que ya sea popular.
Por ejemplo, algo como Cars 2 Silver Rayo McQueen Corredor Huevos Sorpresa Disney Pixar Zaini Racer Plateado de ToyCollector. Es “uno de los millones y millones de vídeos sobre huevos sorpresa que hay en YouTube”. Un huevo sorpresa de chocolate que contiene un juguete en su interior, y por extensión, cualquier cosa que contenga otra cosa dentro. Por lo que parece, a los niños les gustan estos y otros vídeos en lo que se abren cajas o se desenvuelven paquetes para desvelar una sorpresa. Uno de los realizadores de huevos sorpresa con juguete dentro se alió con Cars, una taquillera película de Disney para niños. Gracias a esta feliz sinergia, Cars 2 Silver Rayo, etc. ha conseguido alcanzar los 33 millones de visitas y ha dado pie a infinitas variaciones (“millones y millones” de ellas). Y “huevo sorpresa” es solo uno de los géneros audiovisuales. También está la Familia dedo (dedos bailando y cantando versos mediocres), Aprende los colores, Peppa Pig, Cabezas equivocadas, y sus infinitos imitadores, todos siguiendo la misma fórmula, y una proporción desconocida de ellos totalmente automatizados.
¿Por qué? ¿Para qué sirve esta producción incesante de basura profunda e irremediablemente inútil? Ingresos por publicidad, obviamente. Los vídeos vienen siempre precedidos, seguidos o interrumpidos por un anuncio destinado al segmento demográfico de niños entre uno y seis años. La comisión por el anuncio se comparte entre el realizador del vídeo y el propietario de YouTube, que es Google. Es un gran negocio: los realizadores más populares de la plataforma han ganado decenas de millones de dólares. Solo Dios (y puede que Hacienda) sabrá cuáles son las ganancias reales de Google.
¿Todo este balbuceo de bebé y sinsentido infantil es al menos inofensivo? Todo lo contrario, nos informa Bridle. No importa ya la contracción de la imaginación de millones de niños (los vídeos infantiles de YouTube son tan parecidos a los cuentos de hadas tradicionales y a las historias para niños como las dos dimensiones se parecen a las tres). Peor incluso, algunos de ellos son verdaderamente tóxicos. Los personajes tienen características y formas extrañas e incomprensibles; y no pocas veces, coprofagia, sadismo, violaciones y violencia: es imposible que estas cosas no surjan en las decenas de millones de vídeos que existen, muchos de los cuales han sido realizados en las mismas condiciones que predominan en los talleres miseria o por programas de ordenador. “No se trata de la intención”, concluye Bridle, “sino de un tipo de violencia intrínseca a la combinación de sistemas digitales e incentivos capitalistas”. Claramente, también se trata en parte de la intención: eso es lo que pasa cuando haces que los niños sean un centro de beneficios.
La iniciativa, parece poderse afirmar, reside en los malvados. La cantidad y calidad de energía e invención que se destina a las infames actividades que se describen en estos tres libros podrían con facilidad acabar con la pobreza, la desigualdad, los conflictos internacionales y la crisis climática. Seguro que los infractores piensan que es más divertido dirigir el mundo que hacer contrabando de cuernos de rinoceronte o implantar programas maliciosos, ¿no? Entonces, si no puedes combatirlos, haz que se unan a ti; puede que así consigas al menos despertar su imaginación.
–––––
George Scialabba es editor colaborador en The Baffler y el autor de los libros For the Republic y What Are Intellectuals Good For?
Este artículo se publicó en The Baffler.
Traducción de Álvaro San José.
Dark Commerce. How a New Illicit Economy Is Threatening Our Future, de Louise Shelley. Princeton University Press.
Darkness by Design: The Hidden Power in Global Capital Markets, de Walter Mattli. Princeton University Press.
New Dark Age: Technology and the End of the Future, de James Bridle. Verso.
AUTOR: George Scialabba (The Baffler)

OPIO EN AFGANISTAN

Pero, ¿cómo es posible que a pesar de su prohibición mundial su consumo aumente día sí y día también y Afganistán no abandone dicho cultivo cuando sus países vecinos si lo han hecho?.
Los estadounidenses llevan 16 años en Afganistán y nunca han hecho nada en contra de la producción y el tráfico de opio, morfina, heroína y sus derivados. Al contrario, han sido totalmente permisivos y esto tiene una razón económica y geopolítica clara, y es que como dice Alfred McCoy, el opio “surgió como fuerza estratégica en el medio político afgano por parte de la CIA para financiar sus actividades y hoy en día se mantiene”. Es por ello por lo que Ahmed Wali Karzai, hermano del anterior presidente de Afganistán, fue acusado de colaborar con la CIA y controlar negocios de heroína.
Las críticas y las presiones internacionales que recibió el gobierno estadounidense hicieron buscar una solución a la problemática del opio, y es por ello por lo que la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) desarrolló un listado de los productos que podría producir Afganistán y sustituir la producción de opio. El más rentable, indicaban, sería el cultivo de algodón ya que podría prosperar en tierras afganas, pero al enterarse los productores de algodón estadounidense pusieron todas las trabas posibles a que este mercado prosperase puesto que le podría hacer una importante competencia. Este lobby impidió que Afganistán tomase un nuevo rumbo económico.
El opio es igual que cualquier otra materia prima que tenga una alta demanda, el mercado del opio esta valorado sobre los setenta mil millones de dólares, diez menos que el mercado de diamantes. El opio, es una materia prima más que si se controla permite dominar todo su mercado. El control de Afganistán implica el dominio del 90 por ciento del mercado mundial del opio.

¿Hipocresía social? ¿te incluyes?

Recientemente ví un documental donde en Madrid unos periodistas localizó un particular dueño de 205 apartamentos… no voy a evaluar lo moral que es eso ante una situación donde tantas personas están desauciadas o no pueden acceder a comprar una vivienda. A este señor le preguntaron en concreto el motivo por qué cobraba el alquiler de unos apartamentos que tenía que eran especialmente pequeños y en un edificio en malas condiciones de conservación. Él respondió, «porque siempre hay quien lo pague». Le preguntaron que si tenía todos sus apartamentos alquilados, y sí respondió. Le preguntaron dónde vivía, y dijo que en uno de ellos en Madrid, y de tamaño mediano ya que era soltero. Le preguntaron y si gana tanto dinero porqué no se permite el bajar los precios a los inquilinos. Y su respuesta fue, «pero qué disparate dice, ¿porqué bajar precios?»

Esta historia real no es la única de este tipo. Hay tanta gente que gana tanto dinero que no percibiría deterioro en su modo de vida si percibiera menos, pero psiscológicamente percibir menos dinero pudiendo recibir más es algo para estas personas insoportable.

No les podemos criticar, usted en su lugar es más que probable que hiciera lo mismo. Lo que hace este señor (ganar mucho más dinero del que pretende gastar) y usted en criticarle es precisamente lo que el Sistema de control social pretende y así lo programa mediante todos sus medios.

Por lo menos mira hasta la mitad este documental y después nos opina.

Por lo menos mira hasta la mitad este documental y después nos opinas.

Publiée par Cagamos sur Lundi 6 avril 2020
Importante reflexionar este vídeo
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O muere el capitalismo salvaje, o muere la Naturaleza

Autor anónimo

O muere el capitalismo salvaje, o muere la civilización humana
Publicado en 4 abril, 2020
O muere el capitalismo salvaje, o muere la civilización humana
Autor anónimo, fuente desconocida

Empezaré aclarando que no soy comunista. Los reaccionarios, ultraconservadores le tienen mucho terror a estos títulos y casi siempre, ante la falta de argumentos sólidos, terminan repitiendo y adjudicándonos calificativos que sólo han escuchado, pero que en la mayoría de los casos, desconocen su significado. Soy un demócrata con ideas republicanas.
Todo el mundo habla del libro “La riqueza de las naciones” de Adam Smith, el escocés que logró articular con sus ideas los pilares de la Economía Moderna que le dio paso al capitalismo moderno. Sin embargo, muy pocos hablan sobre el otro libro del mismo autor, “Teoría de los sentimientos morales”; que hace una crítica muy puntual a la conducta de la avaricia humana. Conociendo ya la historia desde la Secundaria, vemos que el prólogo de la misma tuvo su origen cuando el feudalismo fue sustituido por este nuevo modelo económico.Principios para arrancar el clima de manos del capitalismo salvaje
La configuración social de la “Teoría de los sentimientos morales” y “la armonía del mercado” de las riquezas de las naciones; es en sí una dicotomía que se concatena con la sociedad; todo ésto sin olvidar la famosa “mano invisible” que mueve ese mercado.
El 20 de enero del año 2009, Barack Obama es juramentado Presidente número 44 de Estados Unidos; recuerdo muy bien su discurso. Obama recibía un país en bancarrota, epicentro de una gran recesión mundial. He aquí un pequeño fragmento de su gran discurso: “Pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede salirse de control, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando solo favorece a los que ya son prósperos”.
Más que un discurso, fue una gran reflexión; el mercado había quedado a merced de los hombres que no tienen sentimientos morales, ni empatía por la humanidad; el mundo entero fue estremecido por el flagelo de la avaricia humana, y la economía mundial cayó de rodillas ante una dura recesión. La obsesión del oro negro, llevó a George W. Bush a invadir y a atacar Medio Oriente, la zona donde se encuentran las mayores reservas de petróleo.
El mundo jamás olvida el pretexto barato con el que justificaron la invasión a Irak: aseguraban que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva. La ONU, de forma deliberada, avaló la invasión. Sin embargo, en el 2010, Julian Assange, fundador de Wiki Leaks, reveló la verdad de lo sucedido y dejó al desnudo la colosal mentira tarifada que los medios de comunicación le habían contado y hecho creer al mundo.
En los archivos que se filtraron, se registraba la muerte de más de 100 mil personas, de las cuales el 70% eran civiles. Jamás olvidaré las palabras de Assange: “La primera víctima de la guerra es la verdad”. Ese 22 de octubre de 2010, se caía ante el mundo la muralla de la mentira tarifada.
En los últimos doscientos años, nos hemos consumido la energía fósil concentrada de nuestro planeta desde sus orígenes. La danza del capitalismo salvaje va dejando a su paso la destrucción acelerada de los recursos naturales del planeta, la explotación inhumana del hombre y la manipulación de la mente humana para que éste, de forma sistemática, se convirtiera en un rehén de las sociedades de consumo, y sin darse cuenta se convierta en el arma de su propia autodestrucción.
La nueva pandemia ha quitado el velo ilusionista y el maquillaje hipócrita de la Civilización. La Italia de Rómulo y Remo, de los Césares, de Marco Polo, de Leonardo Da Vinci, de Galileo Galilei, de Luciano Pavarotti, de Benito Mussolini, de Silvio Berlusconi, de Andrea Bocceli, de Roberto Baggio, de Paolo Maldini, de Gennaro Gattuso; la Italia que pagó el fichaje más caro de su historia por el portugués Cristiano Ronaldo, 122 millones de euros; sí, esa misma Italia tuvo que desconectar la respiración artificial de sus ancianos, para luego verlos morir.
Y que no pudo responder de la misma forma como cuando organizó el mundial de fútbol de Italia 90; porque su sistema de salud expiró en los brazos del capital privado, haciendo de la salud una mercancía. Lo mismo está sucediendo con España, un país que presume de una monarquía; que se ha convertido en un adorno costoso para un país que no tiene camas para atender a sus pacientes.
La pandemia ya llegó a la «gran nación del Norte»; pero en los 100 primeros días de gobierno, el Presidente número 45 de Estados Unidos, Donald J. Trump, ya había destruido el sistema de salud que había dejado su antecesor.
Las consecuencias ya se están sintiendo; los arrebatos de un líder que anda por el vecindario de la aldea global, ufanándose de su “hegemonía o supremacía” -así como se llama el libro de Noam Chomsky-, están llevando a la gran nación del Norte, como lo expresó hace unos días el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, «a que su democracia y economía estén amenazadas por un segundo periodo presidencial de Trump en la Casa Blanca”.
La crisis del coronavirus ha puesto en aprietos a Trump, ya que el haber minimizado esta pandemia le está pasando una factura en la economía, porque la Bolsa de Valores se ha desplomado en estas dos últimas semanas, y existe un alto riesgo de que la factura se extienda al mes de noviembre, en las elecciones.
La pandemia le quitó el antifaz al modelo económico de las naciones más poderosas del planeta (Estados Unidos y China), y en el caso de Italia y España, ambos países miembros de la OTAN, que maneja un presupuesto de casi dos mil millardos de dólares, se vieron como los más pobres del barrio, que fingían ser ricos, pero no tenían ni donde caerse muertos.
La realidad ha quitado el efecto de la anestesia del capitalismo salvaje; y ha puesto sus cartas sobre la mesa. Ha llegado la hora de replantear y de humanizar este modelo económico; y hacernos el siguiente planteamiento: O muere el capitalismo salvaje, o muere la civilización humana.
“Locura es hacer lo mismo una y otra vez, esperando obtener resultados diferentes”. No podemos seguir viviendo en un planeta donde más del 80% de la riqueza está concentrada en el 1% de la población. Me resisto a defender con mi silencio un indefendible y despiadado statu quo que concentra la riqueza de nuestros recursos naturales y medios de producción en pocas manos, capaces de derramar sangre inocente por mantener intacto ese statu quo.
No puedo defender este statu quo que privatiza el agua, la salud, la educación, el viento, el sol. Derechos Humanos universales que se han convertido en mercancías, que se encuentran solo al alcance de una minoría rapaz, voraz e insaciable, mientras las grandes mayorías invisibles solo participan en los procesos electorales, disfrazados de democracia.
Una gran realidad de todo lo que pasa a nivel mundial es que nos quieren tener controlados, a los vulnerables del planeta Tierra, porque la avaricia y la ambición y ansias de poder los tiene enfermos.

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El Caudillo, Francisco Franco

Como portal de reflexión no defendemos nada, sólo exponemos datos objetivos, investigaciones y serias opiniones con el objeto de estimular su actitud crítica-reflexiva para estimular su desarrollo hacia una mejor persona, desarrollando así su consciencia, como antesala de su elevación espiritual.

Anónimo

Reflexionemos:

Cuando murió Franco llegó la Democracia, nos dijeron que eramos libres, y nos lo creímos.

Cuando llegó Felipe González nos dijeron que eran de izquierdas y nos lo creímos.

Cuando nos metimos en la Unión Europea proclamaron que éramos europeos de primera categoría y nos lo creímos.

Cuando eliminaron toda la industria del pais, y nos convertimos en el bar, el prostíbulo, y la playa de Europa, nos aseguraron que eso era progreso y nos lo creímos.

Cuando Felipe y Aznar nos convencieron que los españolitos no éramos sucios obreros, sino flamante clase media (a golpe de créditos e hipotecas) nos lo creímos.

Cuando Aznar privatizó las empresas públicas rentables para sus amigos, nos prometió que seríamos todos ricos, y nos lo creímos.

Cuando liberalizaron el suelo, y el dinero salía de los ladrillos a pelotazo limpio, nos hicieron pensar que éramos ricos, y nos lo creímos.

Cuando la crisis estalló, nos hicieron pensar que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y nos lo creímos.

Cuando recortaron y privatizaron la Sanidad, Educacion, Pensiones y Servicios sociales nos convencieron que estaba mucho mejor gestionado así, y nos lo creímos.

Cuando cobrabamos 730 euros al mes, los trabajos se los llevaban a China, y que si no trabajábamos por esa miseria vendría un inmigrante y nos robaría nuestro pan, nos lo creímos.

Cuando el 15M surgió y derivó en politica nos dijeron que eran Eta, hippies y Venezuela, y nos dieron banderas (hechas en China) para los balcones y nos lo creímos.

Cuando tuvimos las televisiones, medios e Internet, nos dijeron que disponiamos de toda la información necesaria para ser libres y no tontos, y nos lo creímos.

Cuando llegó un virus y nos advirtieron, despues de la gripe aviar, nos sentimos muy listos y esta vez no nos lo creímos…

Cuando vimos enfermar a la gente, a comprobar que faltaba prevision, material, hospitales y personal, porque todo se había recortado al ser más rentable (¿para quien?), vimos que la pandemia era real, nos acojonamos y nos la creímos.

Cuando necesitamos mascarillas, alcohol y respiradores no pudimos fabricarlos, porque somos el bar, la playa y el prostibulo de Europa, solo tenemos banderas en los balcones y la industria está en China para abaratar costes… nos dijeron que la culpa era del Gobierno actual, y nos lo creímos.

Cuando nos llegaron bulos cuñados, odio, y manipulacion aprovecharon nuestro miedo, inseguridad y dolor, enfureciéndonos y caceroleando, y nos los creímos.

Cuando tras meses de cuarentena, cientos de miles de fallecidos, y la economia de la clase media, autónomos y obreros esté en la ruina, nos dirán que llegan tiempos duros y de sacrificio, y nos lo creeremos.

Cuando la economía de mercado funcione de nuevo, nos dirán que los salarios tienen que ser miserables por el bien del pais, que hay millones de personas desesperadas por sobrevivir, así que tocan lentejas… y nos lo creeremos.

Cuando nos vociferen que la democracia no sirve de nada, que hay que cerrar fronteras, porque lo de fuera es malo, que la gestión que hicieron los rojos de la crisis fue una mierda, y que hay que votar a los «patriotas» que han llenado el caos de olorosa excrecencia, odio visceral, y mucha bandera, nos lo creeremos.

Cuando ganen esos «patriotas» dirán que la culpa de todos nuestros males, de que estemos en la miseria por la pandemia es de los extranjeros, y los gays, y las mujeres, y los cientificos, y los artistas, y de la educación, de la libertad y el libertinaje, y de los intelectuales… Y nos lo creeremos.

Y cuando no queden democracia, ni servicios públicos, ni libertades, ni opiniones, los de arriba estaran en sus mansiones con grandes banderas, y los de abajo seremos esclavos. No podremos protestar, ni pensar, ni ser libres, ni sentirnos mejores que nadie, porque no quedará nadie que esté por debajo de nosotros. Recapacitaremos y veremos que todo lo hicimos mal, votamos mal, nos cabreamos mal, y nos creimos superiores y listos cuando no lo éramos.

Y sabremos que hemos jodido el pais, el mundo y el planeta, a nuestros hijos y nietos, bisnietos…

Es posible que intentemos rebelarnos, y no podremos, porque ya estará prohibido pensar, disentir, ser diferente, porque seremos ovejas en un rebaño cuidado por hienas camino del matadero… y será demasiado tarde para creer nada… bueno, si… creeremos una cosa: 

que hemos sido idiotas, cobardes, iletrados, cuñados, inmaduros, engreidos, clasistas, racistas, machistas, homofobos, terraplanistas, estupidos, humanos en fin… y por fin nos lo creeremos, pero ya será tarde, muy tarde para volver atrás.

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«¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!»

Asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski

Por Nazanín Armanian | 21/08/2017 | Opinión | Fuente: http://blogs.publico.es/puntoyseguido/4143/el-asesor-de-seguridad-del-presidente-jimmy-carter-yo-cree-el-terrorismo-yihadista-y-no-me-arrepiento/

Este artículo es muy sensible: contrastar bien esta información. Y siempre, reflexionar.

«¿Qué es lo más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético?» Es la respuesta de quién fue el asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, a la pregunta de la revista francesa Le Nouvel Observateur (del 21 de enero de 1998) sobre las atrocidades que cometen […]

«¿Qué es lo más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético?» Es la respuesta de quién fue el asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, a la pregunta de la revista francesa Le Nouvel Observateur (del 21 de enero de 1998) sobre las atrocidades que cometen los yihadistas de Al Qaeda. Una escalofriante falta de ética de individuos como él que destruyen la vida de millones de personas para alcanzar sus objetivos.

En esta entrevista, Brzezinski confiesa otra realidad: que los yihadistas no entraron desde Pakistán para liberar su patria de los ocupantes infieles soviéticos, sino que seis meses antes de la entrada del Ejército Rojo a Afganistán, EEUU puso en marcha la Operación Ciclón el 3 de julio de 1979, enviando a 30.000 mercenarios armados incluso con misiles Tomahawk a Afganistán para arrasar el país, difundir el terror, derrocar el gobierno marxista del Doctor Nayibolá y tender una trampa a la URSS: convertirlo en su Vietnam. Y lo consiguieron. A su paso, violaron a miles de mujeres, decapitaron a miles de hombres y provocaron la huida de cerca de 18 millones de personas de sus hogares, casi nada. Caos que continúa hasta hoy.

Esta ha sido la piedra angular sobre la que se levanta el terrorismo «yihadista» y al que Samuel Huntington dio cobertura teórica con su Choque de Civilizaciones. Así, consiguieron dividir a los pobres y desheredados de Occidente y de Oriente, haciendo que se mataran en Afganistán, Irak, Yugoslavia, Yemen, Libia y Siria, confirmado la sentencia de Paul Valéry: «La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para el provecho de gentes que si se conocen pero que no se masacran» .

Consiguieron neutralizar la oposición de millones de personas a las guerras y convertir en odio la empatía. Con el método nazi de «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»:

  • El atentado del 11S no lo cometieron los talibanes afganos. La CIA en 2001 había implicado al gobierno de Arabia Saudí en la masacre. ¿Por qué, entonces, EEUU invadió y ocupó Afganistán?
  • Las armas de destrucción masiva no las tenía Irak. El único país en Oriente Próximo que las posee, y de forma ilegal, es Israel y gracias a EEUU y Francia.
  • Tampoco EEUU necesitaba invadir a Irak para hacerse con su petróleo. Demoler el estado iraquí tenía varios motivos, como eliminar un potencial enemigo de Israel y ocupar militarmente el corazón de Oriente Próximo, convirtiéndose en el vecino de Irán, Arabia Saudí y Turquía.
  • Las cartas con ántrax que en EEUU mataron a 5 personas en 2001, no las enviaba Saddam Husein como juraba Kolin Powell, sino Bruce Ivins, biólogo de los laboratorios militares de Fort Derrick, Maryland, quien «se suicidó» en 2008.
  • Ocultaron la (posible) muerte de Bin Laden agente de la CIA, hasta la pantomima organizada el 1 de mayo del 2011 por Obama, en el asalto hollywoodiense de los SEAL a un domicilio en Abottabad, a pesar de que la ex primera ministra de Pakistán, Benazir Bhutto, ya había afirmado el 2 de noviembre del 2007 que el saudí había sido asesinado, por un posible agente de MI6 (quizás en 2002). Benazir fue asesinada casi un mes después de esta revelación. Mantener «vivo» a Bin Laden durante 8-9 años le sirvió a EEUU aumentar el presupuesto del Pentágono (de 301.000 millones de dólares en 2001 a 720.000 en 2011), incrementar los contratos de armas de Boeing, Lockheed Martin, Raytheon, etc. y vender millones aparatos de seguridad y cámaras de vídeo-vigilancia, montar cárceles ilegales por el mundo, legitimar y legalizar el uso de la tortura, practicar asesinatos selectivos y colectivos (llamados «daños colaterales») y concederse el derecho exclusivo de invadir y bombardear al país que desee.

Una vez testados en Afganistán, la OTAN envió a éstos «yihadistas» a Yugoslavia con el nombre del Ejercito de Liberación de Kosovo; luego a Libia y les puso el nombre de «Ansar al Sharia, y a Siria, donde primero les denominó «rebeldes» y luego les dio otros 5-6 nombres diferentes. En esta corporación terrorista internacional, la CIA se encarga del entrenamiento, Arabia Saudí y Qatar de «cajero automático» como dijo el ministro alemán de Desarrollo, Gerd Mueller, y Turquía, miembro de la OTAN, acoge, entrena y cura a los hombres del Estado Islámico. ¡Son los mismos países que forman la «coalición antiterrorista!

¿Cómo decenas de servicios de inteligencia y los ejércitos de cerca de 50 países, medio millones de efectivos de la OTAN instalados en Irak y Afganistán, que han gastado miles de millones de dólares y euros en la «guerra mundial contra el terrorismo» durante 15 largos años, no han podido acabar con unos miles de hombres armados con espada y daga de Al Qaeda?

Así fabricaron al Estado Islámico

Siria, finales del 2013. Los neocon aumentan la presión sobre el presidente Obama para enviar tropas a Siria, y necesitan una casus belli. El veto de Rusia y China a una intervención militar en el Consejo de Seguridad, la ausencia de una alternativa capaz de gobernar el país una vez derrocado o asesinado el presidente Asad, el temor a una situación caótica en la frontera de Israel, eran parte de a los motivos de Obama a negarse. Sin embargo, el presidente y sus generales pierden la batalla y los sectores más belicistas del Pentágono y la CIA, Qatar, Arabia Saudí, Turquí y los medios de comunicación afines asaltan la opinión pública con las imágenes de las decapitaciones y violaciones cometidas por un tal Estado Islámico. Una vez que el mundo acepta que «hay que hacer algo«, y al no tener el permiso de la ONU para atacar Siria, el Pentágono, el bombero pirómano, diseña una especial ingeniería militar:

  1. Traslada en junio de 2014 a un sector del Estado Islámico de Siria a Irak, país bajo su control, dejando que ocupe tranquilamente el 40% del país, aterrorizando a cerca de ocho millones de personas, matando a miles de iraquíes, violando a las mujeres y niñas.
  2. Organizó una potente campaña de propaganda sobre la crueldad del Estado Islámico, semejante a la que hicieron con las lapidaciones de los talibanes a las mujeres afganas, y así poder «liberar» a aquel país. ¡Hasta la eurodiputada Emma Bonino cayó en la trampa, encabezando la lucha contra el burka, mirando al dedo en vez de la luna!
  3. Afirmó que al ubicarse el cuartel general de los terroristas en Siria, debían atacar Siria.
  4. Obama cesó de forma fulminante al primer ministro iraquí Nuri al Maliki, por oponerse al uso del territorio iraquí para atacar a Siria.
  5. Objetivo conseguido: EEUU por fin pudo bombardear, ilegalmente, Siria el 23 de septiembre del 2014, sin tocar a los «yihadistas» de Irak. Gracias al Estado Islámico, hoy EEUU (y Francia, Gran Bretaña y Alemania) cuentan con bases militares en Siria, por primera vez en su historia desde donde podrán controlar toda Eurasia. Siria deja de ser (tras la caída de Libia en 2001 por la OTAN) el único país del Mediterráneo libre de bases militares de EEUU.
  6. Y lo sorprendente: desde esta fecha hasta el julio del 2017, el Estado Islámico mantiene ocupado el norte de Irak sin que decenas de miles de soldados de EEUU hayan hecho absolutamente NADA. Al final, el ejército iraquí y las milicias extranjeras chiítas liberan Mosul, eso sí, cometiendo terribles crímenes de guerra contra los civiles.

El terrorismo en la estrategia del «Imperio del Caos»

El terrorismo «yihadista» cumple cuatro principales funciones para EEUU: militarizar la atmósfera en las relaciones internacionales, en perjuicio de la diplomacia; arrebatar las conquistas sociales, instalando estados policiales (los atentados de Boston, de París e incluso el de Orlando) y una vigilancia a nivel mundial; ocultar las decisiones vitales a los ciudadanos; hacer de bulldozer, allanando el camino de la invasión de sus tropas en determinados países, y provocar caos, y no como medio sino como un objetivo en sí.

Si durante la Guerra Fría Washington cambiaba los regímenes en Asia, África y América Latina mediante golpes de Estado, hoy para arrodillar a los pueblos indomables recurre a bombardeos, enviar escuadrones de muerte, y sanciones económicas, para matarles, debilitarles dejarles sin hospitales, agua potable y alimentos, con el fin de que no levanten cabeza durante generaciones. Así, convierte a poderosos estados en fallidos para moverse sin trabas por sus territorios sin gobierno.

EEUU que desde 1991 es la única superpotencia mundial, ha sido incapaz de hacerse con el control de los países invadidos, debido al surgimiento de otros actores y alianzas regionales que reivindican su lugar en el nuevo mundo. Y como el perro del hortelano, ha decidido sabotear la creación de un orden multipolar que intenta gestarse, provocando el caos: debilita BRICS conspirando contra Dilma Russef y Lula en Brasil; impide una integración Económica en Eurasia, propuesta por Rusia a Alemania archivada con la guerra en Ucrania, y mina el proyecto chino de la Nueva Ruta de la Seda y una integración geoeconómica de Asia-Pacífico que cubriría dos tercios de la población mundial, y en cambio crea alianzas militares como la «OTAN sunnita» y organizaciones terroristas con el fin de hundir Oriente Próximo en largas guerras religiosas.

Anunciar que ha diseñado un plan para el «cambio de régimen» en Irán -un inmenso y poblado país-, ante la dificultad de una agresión militar, significa que pondrá en marcha una política de desestabilización del país mediante atentados y tensiones étnico-religiosas. La misma política que puede aplicar Corea del Norte, Venezuela, o Bolivia, y otros de su lista del «Eje del Mal», y todo el servicio de perpetuar su absolutista hegemonía global: que intentase derrocar a su aliado Tayyeb Erdogan es el colmo de la intolerancia.

Antes de los trágicos atentados en Catalunya, el Estado Islámico atacó a la aldea afgana de Mirza Olang. Llenó varias fosas comunes con al menos 54 cadáveres de mujeres y hombres y tres niños decapitados, y se llevó a unas 40 mujeres y niñas para violarlas.

Conclusión: que el «yihadismo» no es fruto de la exclusión de los musulmanes, ni siquiera se trata de la lógica de los vasos comunicantes y el regreso de los «terroristas que hemos criado en Oriente». «Vuestra causa es noble y Dios está con vosotros«, dijo Zbigniew Brzezinski a sus criaturas, los yihadistas.